AHORA QUE EL FUEGO SE APAGA

12:37 2 Comments

(un comentario desde afuera)

Lo que pasó el fin de semana no tiene ningún justificativo desde cualquier punto de vista. La incapacidad política llevó a instalar una Asamblea Constituyente de la manera más improvisada e inaudita posible. No es posible establecer un nuevo pacto nacional entre todos, mientras unos se meten en un cuartel a armar un rompecabezas sin contar con todas las partes. Los constituyentes no pueden hacerse a los sordos, mientras afuera hay gente que está luchando por introducir sus demandas en un nuevo texto constitucional. Al margen de quien, o quienes hayan empezado el debate de capitalidad, el tema es legitimo y ahora forma parte de la conciencia popular, no sólo de los oligarcas ni de las clases acomodadas.

Muchos estuvieron en las la calles, aguantando los gases, que luego se convirtieron en balines y por ultimo en balas y muerte, yo no, yo no estuve ahí; entre los universitarios, los padres de familia, y toda la gente de diversos estratos sociales que tomaron la ciudad. Sin embargo, eso no quiere decir que no me importara nada, eso no quiere decir que podría estar mirando cualquier programa en la televisión mientras tanto afuera se están matando. No busco justificarme ni mucho menos, yo seguía las noticias por la radio, y viendo las imágenes, estaba lejos de todo, muchos dirán desde la seguridad de mi casa, y puede ser verdad, estaba seguro, lejos de todo la conmoción. No obstante, lo que pasaba afuera sí me importaba, porque tendría que ser muy insensible para hacerme al desentendido cuando hay gente que está muriendo afuera. Afuera también estaba gente muy cercana a mí, ¿acaso no me preocupaba por ellos? pueden decir hasta que soy un cobarde por no acompañarlos, y en fin, pueden decirse muchas cosas...

Hoy lunes, cuando las cosas aparentemente se calman y la ciudad intenta curarse de sus heridas, quiero decir que el hecho de no haber participado de manera activa en las calles no implica que uno sea indiferente o insensible. Valoro a las personas que lucharon en las calles, y me compadezco de las familias que perdieron a sus seres queridos injustificablemente, ninguna muerte puede quedar impune. Tampoco creo en una nueva Constitución que no considere las voces de tantas personas que también son bolivianas. Reniego contra la miopía crónica de un gobierno (en el que yo creía antes) atragantado de poder, que dice ser parte de la cultura del dialogo y de la paz, cuando sin embargo, con claras muestras de absolutismo, promueve el enfrentamiento entre los bolivianos y no hace más que acrecentar los sentimientos de intolerancia y racismo entre los diferentes sectores de nuestro país.

Hay muchas preguntas que suenan en mi cabeza, y no encuentro respuestas. Nuestra historia nos demuestra que lamentablemente sólo cuando la gente muere, el gobierno escucha, éste parece no ser el caso.

LA FIESTA DE LAS ALMAS

17:43 3 Comments


¡Trago y comida gratis hermano!, no lo vas a creer. Me dijo emocionado el Pocho. Era la primera vez que yo iba ir a un K’anchacu y por lo que me contaba mi amigo, realmente era todo un acontecimiento.

Quedamos en vernos en la plaza a eso de la una. Yo llegué puntual. El Pocho ya estaba ahí, en un banco, ansioso esperándome. Antes de darme la mano o por lo menos decirme un hola, mi compañero me preguntó si había llevado mi cuchara. Le dije que sí, aunque pensé una y mil veces antes de andar por las calles con una cuchara en el bolsillo. Si bien él me adelantó que iba a comer como nunca antes, no creí que fuera necesario llevar cubierto. Pero en fin, para evitar cualquier inconveniente le hice caso.

Pocho al ver mi cuchara, contento me dijo que nos pusiéramos en marcha de una vez, rumbo a un barrio que para mi era totalmente desconocido.

Llegamos a la dirección; un montón de gente se agolpaba en la puerta. Eran muchos los que entraban, y los pocos que salían tambaleándose aferrados de una bolsa, adornaban sus desfiguradas caras una sonrisa de oreja a oreja.

Agarra valor, me aconsejó Pocho. Nos abrimos paso entre la multitud y entramos al zaguán. Antes de entender la situación, una señora nos tomó de los cuellos como a sus hijos y nos invitó una serie de pequeños vasitos con licores de todos los colores; son mistelas me informaba el Pocho, que hacia una serie de muecas antes de tragar el líquido al igual que yo. Pagamos la entrada explicó él.

Nos sentamos entre una de las muchas bancas preparadas para la ocasión y antes de comentar cualquier cosa, un balde de chicha con panala llegó a nuestros pies con una tutuma flotando en medio de la bebida. No había tiempo para charlar, los dueños del K’anchacu no dejaban que el balde se vacíe en ningún momento.

Antes de alcanzar la cima de mi borrachera, alguna mano divina me puso en las faldas un gran plato de Mondongo. Qué delicia, justo en el momento preciso. En ese instante le di la razón a mi camarada por la recomendación de la cuchara. Nosotros dos éramos los únicos que daban fin al plato con cuchara.

Entonces me puse a pensar que realmente era una locura que una familia decida mandarse tremenda comilona con farra incluida para un montón de desconocidos, a nombre de un familiar fallecido hace un año. Seguramente el pobre estará revolcándose en su tumba por el tremendo gasto con motivo de celebrar su triste partida. Le comenté lo que pensaba a Pocho. No te hagas lío hermano, así son estas cosas. Más bien, vámonos a otro K’anchacu, porque en este parece que ya se acabó la chicha, me contestó.

Antes de salir, una señora nos preguntó si no íbamos a rezar en la tumba que había preparado, Pocho le respondió que ya habíamos rezado tres veces. Era mentira. La señora nos miró resentida, mientras Pocho me jalaba del brazo para salir rápido del lugar.

Antes de cruzar la puerta de calle nos regalaron una bolsa llena de biscochuelos, T’anta wawas, rosquetes y otras delicias.

Así fuimos recorriendo los K’anchacus uno tras otro hasta quedar llenos de comida, mistelas y mucha chicha. Al final, borrachísimos decidimos recogernos.

Lo malo vino después. Durante toda la santa noche no pude dormir ni un minuto, tuve una serie de pesadillas horribles y además dolorosos retortijones en el estomago, que me hicieron pensar que estaba a punto de morir en la noche de Todo Santos.

Al día siguiente, destruido, le conté a la abuela que por primera vez había ido a los k’anchacus y que como consecuencia me encontraba en muy mal estado. Ella, antes que nada me preguntó es si es que había rezado para cada tumba. Le respondí que no, que con mi amigo sólo nos dedicamos a comer y beber sin distinción alguna. Esa es la razón por la que estás así, no es la comida ni el trago, me contestó ella. Las almas de todos esos difuntos se enojaron y te castigaron por tu falta de respeto.

Durante dos días más estuve con el estomago adolorido y las constantes pesadillas no me abandonaron. En algún momento de martirio llegué pensar que lo que mi abuela dijo podía ser cierto.

Pasó un año, y para el nuevo Todo Santos, me armé de valor y esta vez fui yo quien llevó a otro amigo a los mentados K’anchacus. Pero en esa oportunidad, lo primero que hice después de entrar a cada casa, fue rezar tres padres nuestros muy respetuosamente en la tumba de cada uno los visitados y después de ello, recién me dispuse a comer y beber con tranquilidad. La última vez, con mi nuevo acompañante, duplicamos el número de K’anchacus visitados y sin embargo, ya en mi casa, con las bolsas llenas de masas y el estomago satisfecho con los Mondongos y la rica Chicha, pude dormir en paz.

Ahora, cada 2 de noviembre alisto mi cuchara y visito las tumbas de los k’anchacus con devoción y pienso que la abuela no se equivocó y realmente tenía razón.

PLEASURE

16:04 2 Comments

No hay nada comparable con la experiencia de pasar del día a la noche en un par de segundos; la luz y el calor del día que se dejan atrás con sólo extender las manos al frente y abrir las cortinas que dan paso a la deliciosa penumbra. El Cine.

CASI FILOSOFICO

15:11 2 Comments


A veces te piensas, y cuando lo haces profundamente, te das cuenta que tu vida se va convirtiendo de a poco en una serie de anillos como los de el tronco de un árbol. Cada uno de ellos constituye una experiencia, que sin duda, cuando es la primera, resulta digna de ser recordada, sea buena o mala.

Pero cuando estas vivencias se van acumulando repetitivamente, llega un momento en el que paras el coche y te quedas con la mirada perdida, porque tienes la seguridad de que ya no estás yendo a ningún lugar, simplemente estuviste dando vueltas en círculos.

GERARDO

13:56 1 Comments


Sabiendo que los clientes llegarán pasado el medio día, Doña Lorenza abre el negocio a las diez de la mañana. Baldea el piso de ladrillos, que por el paso del tiempo han perdido su color naranja debido a las repetitivas “ch’allas para la Pachamama”, sin contar las veces que la mano incontrolable de algún borracho suelta la “tutuma” que ya no puede sostener, salpicando por doquier toda la chicha.

Doña Lorenza pone en orden las mesas y sillas, que pintadas de verde esperan resistir la juerga. Se dirige al cuarto oscuro de paredes de adobe. Hace una inspección para asegurarse que los cántaros estén bastante llenos para atender los requerimientos del viernes por la tarde.

Segura de que todo está dispuesto y en orden, la señora toma posesión de su trono y se dispone a esperar a la gente.

Como de costumbre, Don Mariano llega a las doce y cuarto, hora en que la radio transmite los avisos necrológicos que él no puede dejar de escuchar. Debe estar al tanto de los nuevos finados ya que ningún velorio podría estar completo sin su presencia. Existe otro factor importante que mueve a Don Mariano a llegar puntual al trabajo y es la cazuela de maní que Doña Lorenza siempre le hace esperar.

Don Mariano toca el órgano en las misas que se celebran en la Catedral. Los fines de semana trabaja para Doña Lorenza interpretando el armonio. Del primer oficio recibe como paga tranquilidad espiritual; del segundo, el derecho a tomar toda la chicha que su hígado pueda resistir, siempre y cuando la borrachera no sea un impedimento para que el armonio siga sonando. Sin olvidar, claro está, la deliciosa cazuela de medio día y los avisos necrológicos. Cualquier persona pensaría que este es un típico caso de explotación laboral, sin embargo, Doña Lorenza y Don Mariano se consideran un matrimonio feliz, feliz y sin hijos.

Durante la sobremesa los dos se ponen al tanto de los chismes de parroquia, y escándalos suscitados durante la última farra.

Poco a poco van llegando estudiantes universitarios que aprovechan el último día hábil para inaugurar los festejos de fin de semana. Qué mejor que dar inicio a los días de algarabía con buenas tutumas acompañadas de un campeonato de sapo. Son los más puntuales, los primeros en consumir y los primeros en abandonar malheridos y zigzagueantes el campo de batalla.

Parejas de compadres y comadres, acuden al lugar con el afán de abrir un paréntesis en la rutina de trabajo, labores del hogar y familia. Bailar y beber siempre sirven para olvidar.

También bohemios e intelectuales no pueden faltar a la cita del viernes, el ambiente criollo les ofrece una alternativa distinta para debatir y charlar sobre esos temas que sólo ellos saben.

Doña Lorenza, al ver que la gente está alegre y pide cada vez más chicha, ordena a Don Mariano que empiece a tocar, “Martirios”, la cueca que tanto le gusta. Las parejas no se hacen esperar, saltan de sus bancos y sillas para levantar el polvo con su zapateo. La señora los acompaña con palmas y el movimiento de su pollera.

A media tarde el recinto está en su apogeo, todos cantan y brindan, el patio de tierra y el salón han sido tomados por los bailarines.

Entonces, el viejo portón de madera se abre y deja ver la figura de Gerardo, el “k´ewa” Gerardo, apodo ganado debido a su inclinación sexual. Un gran bohemio, tal vez un poco extravagante para la década del cincuenta, pero sin duda todo un personaje.

Viste un pantalón oscuro de casimir inglés, un par de mocasines negros con taco ancho y cuadrado, cinturón de hebilla gruesa y camisa blanca de solapas anchas, que deja ver parte del pecho. Con pie firme avanza gallardo entre la multitud que se abre a su paso, llega hasta el lugar donde Doña Lorenza está apoltronada y quitándose el sombrero la saluda con una venia al estilo de la realeza. Gira sobre sus talones y se dirige a todos los asistentes, que se han quedado inmóviles: ¿Qué pasa muchachos?, ¡que siga la fiesta!

La invitación está hecha, el desenfreno y la alegría se reanudan.

Si bien las personas que conocen a Gerardo, sienten cierto recelo hacia su persona, también éste goza del respeto de los demás, debido a sus grandes dotes como bailarín y cantante.

Con la tutuma en la izquierda, Gerardo comienza a cantar a voz en cuello “El infierno verde”. Acompañando al armonio que toca Don Mariano, una guitarra sigue la melodía. El festejo tiene ahora un nuevo matiz; más femenino que masculino. Imposible negar que Gerardo lo hace muy bien.

Más tarde después de haber bebido una cantidad considerable de chicha, Gerardo, da un salto y se apodera de una de las mesas. Golpeando con energía los tacos, castiga la tabla con su zapateo. Todos le aplauden y gozan con el espectáculo, mientras él como si fuera un bailarín de flamenco, hace vibrar a su público.

Así pasa el resto de la tarde entre cuecas, bailecitos, mucha chicha y Gerardo.

Con el pasar de la hora, muchos se retiran porque la bebida espirituosa ya no puede ser ingerida y la embriaguez es exagerada; otros, cautos se recogen para evitar el galanteo de Gerardo. Los menos que se quedan, sienten mucho apego a la chichería y a Doña Lorenza, debido a que la señora, después de pasar la jornada bebiendo es invadida por un sentimiento de dadivosidad e invita chicha a los sobrevivientes para dar fin con lo último que queda en los cántaros. Bien vale la pena lidiar con el cortejo de Gerardo para poder acceder a tan apetitosa invitación. Está demás decir que de estos valientes, por lo menos uno resulta desaparecido en acción, porque el incauto es sustraído, secuestrado y llevado a los lujuriosos dominios de Gerardo.

Las celebraciones que se llevan a cabo en la chichería de Doña Lorenza, no difieren mucho una de la otra, las personas que se dan cita a la tarde de bohemia, con frecuencia son las mismas y por ende las aventuras y deslices de Gerardo son infaltables a la hora de los chismes. Siempre hay algo que comentar acerca de su vida. La gente dice que prefiere a los morenos fornidos y él lo afirma. En los días hábiles se lo puede ver transitando por las calles, con su delicado andar, la ropa elegante y la ilusión de conseguir algún nuevo amigo. Sin embargo, con frecuencia se conforma coqueteando a sus conocidos, claro que los fines de semana le va mucho mejor.

De repente desaparece, nadie da señas de él, ya no anda por las calles, en la chichería de Doña Lorenza se lo extraña. En los ambientes que frecuenta, todos se preguntan qué habrá sido de él, su paradero es incierto, ninguna persona puede asegurar si viajó o está muerto.

Transcurridos dos meses, un viernes, Don Mariano llega a la chichería, y como ya era habitual, Doña Lorenza le pregunta si sabe alguna noticia de Gerardo. Don Mariano asiente y le dice que un amigo después de misa le contó que el gobierno había ordenado a las fuerzas armadas arrestar a todas las personas de las que esté en duda su hombría, arguyendo que el estado Boliviano está formado por hombres y mujeres, no por maricas. Así, uno a uno los fueron apresando. Gerardo no pudo salvarse, sólo los prudentes que ocultaban sus tendencias sexuales.

Doña Lorenza, admirada por la noticia pregunta: ¿qué pasó entonces, dónde los tienen detenidos?

Don Mariano, resignado contesta que la orden decía que estos individuos debían ser castigados y eliminados, es así como los llevaron amarrados, con los ojos vendados en un avión de carga. Ataron una gran piedra a sus pies y los lanzaron uno a uno al fondo del lago Titicaca.

No estoy seguro de creer esta historia, pero al gran bohemio y bailarín, el “k´ewa" Gerardo, no se lo volvió a ver más.

EL LADO OSCURO DE LA BLANCURA

12:24 4 Comments


...Y uno quiere decir algo, comentar un libro, hablar de cine o algún aspecto de nuestra sociedad y su día a día. Tal vez escribir un cuento, sin embargo, la página en blanco te abofetea en la cara una y otra vez, se empecina y te encandila con su brillo, puro y blanco.

No hay obligación, no es un trabajo. Tal vez no deberías estar obstinadamente sentado en el rincón más oscuro del escritorio, con frío, rodeado de humo añejo, sentado hace más de una hora contemplando el monitor. Mientras, afuera es domingo, hace sol, los pájaros cantan y el aire es puro. Sí, lo más fácil sería mandar todo al diablo, apagar la computadora y salir. No hacer nada, no decir nada, no escribir... Pero ¿cómo atrapar y amarrar a ese gusano impertinente que atraviesa como un loco de un lado a otro tu cabeza? Sabes que seguirá molestando hasta que regreses, enciendas nuevamente la computadora y te enfrentes una vez más con la blancura de la hoja y asumas el teclado como único armamento en una batalla contra el vacío, tu propio vacío.

Parece que sigues en el medio, en medio de la nada, no escapaste ni tampoco te quedaste por completo, el brillo de la pantalla parece cada vez más intenso.

En la cabeza persiste el movimiento del gusano que parece convertirse en crisálida con el primer párrafo que se dibuja en el encabezamiento, quién sabe, probablemente al poner el punto final, llegue a ser una mariposa.

Hay una especie de alivio en el ambiente, el humo que te envolvía se disipa, deja pasar una luz breve. Diste el primer paso, sin embargo, desandas el camino para leer lo que escribiste. Humo y oscuridad de nuevo; no te gusta el texto, no es una buena entrada, no te llevará a ninguna parte, lo borras.

Después de haber permanecido por mucho tiempo frente al monitor, te das cuenta de que ya no se trata solamente de una página en blanco, no. De a poco y por efectos inexplicables la pantalla se va convirtiendo en un espejo. Es el momento critico, el punto de inflexión entre el silencio y el desbordamiento de ideas y pensamientos. La balanza puede inclinarse a cualquiera de los dos lados: Escribir sin parar: las palabras son más rápidas que los dedos en el teclado; todo está armado en tu cabeza y simplemente debes trascribirlo antes de que pierda su efervescencia. En el caso de que pierdas el rumbo, te darás cuenta de que paulatinamente tu reflejo se va desvaneciendo para dar paso a la imagen del monitor que deja de ser espejo. La blancura regresa y realmente estás perdido.


Se que esto de la imposibilidad de escribir, no es nuevo, muchos de los que están en el oficio artesanal de entretejer palabras lo saben bien. Es realmente duro y frustrante no poder soltar en párrafos o versos todo lo que uno quisiera decir.

Cada uno experimenta y enfrenta de forma distinta a la pantalla o la hoja en blanco. Sin embargo, creo que en todos hay algo en común y es la necesidad de expresión. De todas maneras, pienso que es importante intentarlo, hacer de la escritura un ejercicio, una ceremonia intima de liberación.

LOS TRANSFORMERS DE SPIELBERG

18:29 1 Comments


Antes no habían muchas series de dibujos animados y las tardes se constituían en el espacio para su difusión a través de contados canales de señal abierta en UHF... o era VHF?... ¿qué significan estas siglas?... ahora con la televisión por cable seguro que nada.

En fin, lo importante es que las caricaturas de esos años marcaron nuestra niñez con personajes como Pantro de los ThunderCats, Snoopy, los Halcones Galácticos, Brave Star, G.I.-JOE, El Capitán Futuro y otros tantos que en más de una oportunidad, reunidos con los amigos, nos provocan nostalgia y sin más nos ponemos a entonar la variedad de canciones que servían de banda sonora a estas caricaturas.

Dentro del grupo de antiguas caricaturas, destacan los Transformes, una serie animada que a lo largo de su historia nos demostró que los automóviles, aviones, trenes, insectos, dinosaurios y las grandes maquinas de construcción, podían ser algo más que creaciones del hombre y la naturaleza. Con dotes robóticos y bajo la constante dicotomía entre buenos y malos nos atraparon frente al televisor durante mucho tiempo.

Los últimos años la industria de Hollywood ha estado empeñada en resucitar antiguos iconos a través de la adaptación. Pienso que este renovado interés en producciones a partir de historias y personajes pasados, puede tener tres causas principales: una, la crisis actual del mundo de las caricaturas; ahora hay tantas que resulta difícil (al margen de los Simpsons, que gusta a niños, jóvenes y adultos) identificar una serie animada que determine y caracterice con claridad a las nuevas generaciones; dos, los fanáticos y seguidores de diferentes héroes empolvados por el paso de los años, se constituyen en un mercado potencial para la industria cinematográfica y tres, un tema asociado al anterior, el problema de los héroes de hoy. Parece que los viejos héroes ya llegaron a cubrir todos los requerimientos y necesidades de la desprotegida humanidad. Ahora es el tiempo de los antihéroes.

Volviendo a los grandiosos Transformers, recuerdo que el año pasado, un amigo me contó que Steven Spielberg estaba a cargo de recrear el fantástico universo de los Transformers adaptado al cine. El solo hecho de imaginar las batallas entre los Autobots y los Decepticons en imágenes de alta definición y animación en 3D, era algo por lo que uno no podía esperar. Seguramente Spielberg sacará algo espectacular - pensé.

Sinopsis

Instalaciones militares estadounidenses en medio oriente son repentinamente atacadas por increíbles robots, ello provoca una serie de investigaciones a cargo del gobierno, mientras tanto, Sam un típico adolescente americano, recibe de regalo de cumpleaños un Chevrolet Camaro del año 76. Sam quiere conquistar a Mikaela, la chica más linda del colegio e intenta utilizar su anacrónico vehiculo para impactarla. En el proceso, Sam descubre que su regalo de cumpleaños es algo más que un simple auto, el viejo Chevrolet resultó ser Bumblebee, uno de los Autobots, que se pone en contacto con sus demás camaradas a quienes los humanos llegan a conocer y hacer amistad con ellos.

Los Autobots están comandados por Optimus Prime y su misión en la tierra es encontrar el "Allspark” (La chispa vital) antes que sus enemigos los Decepticons. Es así que la disputa entre Autobots y Decepticons desencadena una serie de conflictos en los que intervienen importantes funcionarios de gobierno, equipos de investigadores de alto nivel, militares, fuerzas especiales y entre todos ellos: Mikaela y Sam.

Cosas que criticar.

La caracterización del personaje de Sam llega a ser pueril; si bien es un adolescente y como tal tiene una fuerte carga de superficialidad, a lo largo del film se le otorga mucho protagonismo. Él, su familia y las cosas que hace por conquistar a Mikaela acaparan gran parte de las escenas, lo que hace pensar que los guionistas llenaron espacios de la trama con situaciones superfluas que caen dentro de los típicos clichés de las películas yanquis.

Por otro lado, está la imagen del poder bélico militar de los estados Unidos, que se refleja constantemente a lo largo de la historia: su armamento, organización política militar, vanguardia tecnológica, control supremo del estado y su mega aparato burocrático, etc., etc. todo ello no hace mas que saturar la película con demostraciones innecesarias del poder del imperio.

En cuanto a los Transformers en si, hay algunas contradicciones con respecto a la antigua historia de los 80, puede tratarse de adaptaciones a nuestro tiempo, como el hecho de que Frenzy, el espía de los Decepticons, en la película ya no se trasforme en una radio con casetera, sino en una versátil radio portátil ovoide con lector de discos compactos, sin embargo, hay cambios innecesarios como es el caso de Bumblebee, que era reconocido por transformarse en una peta modelo 70, y ahora se trata de un coche deportivo de la misma época, lo que cae nuevamente en la imagen exagerada del americanismo.

Algo que tampoco convence es que ahora los robots eligen el vehiculo que desean reconfigurar como robots, es decir que Optimus Prime es un trailer simplemente porque un trailer estaba pasando por ahí, le gusto al personaje, así que lo eligió como modelo.

Megatron por otra parte, perdió muchas de sus características físicas, en cambio Prime se mantiene con las formas de antes.

Destaca.

El hecho de que Spielberg haya producido la película hace mucho, pienso que su participación salvó al film de no pasar desapercibido entre el publico. Son los efectos especiales donde radica el potencial de Transformers. Las batallas y escenas acompañadas de buenos efectos de sonido hacen que la atención no se pierda debido a otras falencias.

Conclusión.

Transformers intenta reposicionar en la actualidad una serie de dibujos animados y juguetes que influyeron a generaciones de niños y jóvenes hace más de 20 años, si bien se adapta a las tendencias y nuevas tecnologías, no logra impactar como la sencilla serie animada en 2D de los años 80, cuando la voz de Optimus Prime ordenaba: Autobots transfórmense y avancen...

En todo caso la puerta está abierta, el film deja bastante claro que se pretende iniciar una nueva saga como se acostumbra en las producciones millonarias de Hollywood.

Esperemos que los siguientes episodios consigan llenar el vacío que trajo el primer intento, porque sino, tal vez lo mejor hubiera sido dejar que estos robots sigan luchando en nuestra memoria.