LOS TRANSFORMERS DE SPIELBERG

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Antes no habían muchas series de dibujos animados y las tardes se constituían en el espacio para su difusión a través de contados canales de señal abierta en UHF... o era VHF?... ¿qué significan estas siglas?... ahora con la televisión por cable seguro que nada.

En fin, lo importante es que las caricaturas de esos años marcaron nuestra niñez con personajes como Pantro de los ThunderCats, Snoopy, los Halcones Galácticos, Brave Star, G.I.-JOE, El Capitán Futuro y otros tantos que en más de una oportunidad, reunidos con los amigos, nos provocan nostalgia y sin más nos ponemos a entonar la variedad de canciones que servían de banda sonora a estas caricaturas.

Dentro del grupo de antiguas caricaturas, destacan los Transformes, una serie animada que a lo largo de su historia nos demostró que los automóviles, aviones, trenes, insectos, dinosaurios y las grandes maquinas de construcción, podían ser algo más que creaciones del hombre y la naturaleza. Con dotes robóticos y bajo la constante dicotomía entre buenos y malos nos atraparon frente al televisor durante mucho tiempo.

Los últimos años la industria de Hollywood ha estado empeñada en resucitar antiguos iconos a través de la adaptación. Pienso que este renovado interés en producciones a partir de historias y personajes pasados, puede tener tres causas principales: una, la crisis actual del mundo de las caricaturas; ahora hay tantas que resulta difícil (al margen de los Simpsons, que gusta a niños, jóvenes y adultos) identificar una serie animada que determine y caracterice con claridad a las nuevas generaciones; dos, los fanáticos y seguidores de diferentes héroes empolvados por el paso de los años, se constituyen en un mercado potencial para la industria cinematográfica y tres, un tema asociado al anterior, el problema de los héroes de hoy. Parece que los viejos héroes ya llegaron a cubrir todos los requerimientos y necesidades de la desprotegida humanidad. Ahora es el tiempo de los antihéroes.

Volviendo a los grandiosos Transformers, recuerdo que el año pasado, un amigo me contó que Steven Spielberg estaba a cargo de recrear el fantástico universo de los Transformers adaptado al cine. El solo hecho de imaginar las batallas entre los Autobots y los Decepticons en imágenes de alta definición y animación en 3D, era algo por lo que uno no podía esperar. Seguramente Spielberg sacará algo espectacular - pensé.

Sinopsis

Instalaciones militares estadounidenses en medio oriente son repentinamente atacadas por increíbles robots, ello provoca una serie de investigaciones a cargo del gobierno, mientras tanto, Sam un típico adolescente americano, recibe de regalo de cumpleaños un Chevrolet Camaro del año 76. Sam quiere conquistar a Mikaela, la chica más linda del colegio e intenta utilizar su anacrónico vehiculo para impactarla. En el proceso, Sam descubre que su regalo de cumpleaños es algo más que un simple auto, el viejo Chevrolet resultó ser Bumblebee, uno de los Autobots, que se pone en contacto con sus demás camaradas a quienes los humanos llegan a conocer y hacer amistad con ellos.

Los Autobots están comandados por Optimus Prime y su misión en la tierra es encontrar el "Allspark” (La chispa vital) antes que sus enemigos los Decepticons. Es así que la disputa entre Autobots y Decepticons desencadena una serie de conflictos en los que intervienen importantes funcionarios de gobierno, equipos de investigadores de alto nivel, militares, fuerzas especiales y entre todos ellos: Mikaela y Sam.

Cosas que criticar.

La caracterización del personaje de Sam llega a ser pueril; si bien es un adolescente y como tal tiene una fuerte carga de superficialidad, a lo largo del film se le otorga mucho protagonismo. Él, su familia y las cosas que hace por conquistar a Mikaela acaparan gran parte de las escenas, lo que hace pensar que los guionistas llenaron espacios de la trama con situaciones superfluas que caen dentro de los típicos clichés de las películas yanquis.

Por otro lado, está la imagen del poder bélico militar de los estados Unidos, que se refleja constantemente a lo largo de la historia: su armamento, organización política militar, vanguardia tecnológica, control supremo del estado y su mega aparato burocrático, etc., etc. todo ello no hace mas que saturar la película con demostraciones innecesarias del poder del imperio.

En cuanto a los Transformers en si, hay algunas contradicciones con respecto a la antigua historia de los 80, puede tratarse de adaptaciones a nuestro tiempo, como el hecho de que Frenzy, el espía de los Decepticons, en la película ya no se trasforme en una radio con casetera, sino en una versátil radio portátil ovoide con lector de discos compactos, sin embargo, hay cambios innecesarios como es el caso de Bumblebee, que era reconocido por transformarse en una peta modelo 70, y ahora se trata de un coche deportivo de la misma época, lo que cae nuevamente en la imagen exagerada del americanismo.

Algo que tampoco convence es que ahora los robots eligen el vehiculo que desean reconfigurar como robots, es decir que Optimus Prime es un trailer simplemente porque un trailer estaba pasando por ahí, le gusto al personaje, así que lo eligió como modelo.

Megatron por otra parte, perdió muchas de sus características físicas, en cambio Prime se mantiene con las formas de antes.

Destaca.

El hecho de que Spielberg haya producido la película hace mucho, pienso que su participación salvó al film de no pasar desapercibido entre el publico. Son los efectos especiales donde radica el potencial de Transformers. Las batallas y escenas acompañadas de buenos efectos de sonido hacen que la atención no se pierda debido a otras falencias.

Conclusión.

Transformers intenta reposicionar en la actualidad una serie de dibujos animados y juguetes que influyeron a generaciones de niños y jóvenes hace más de 20 años, si bien se adapta a las tendencias y nuevas tecnologías, no logra impactar como la sencilla serie animada en 2D de los años 80, cuando la voz de Optimus Prime ordenaba: Autobots transfórmense y avancen...

En todo caso la puerta está abierta, el film deja bastante claro que se pretende iniciar una nueva saga como se acostumbra en las producciones millonarias de Hollywood.

Esperemos que los siguientes episodios consigan llenar el vacío que trajo el primer intento, porque sino, tal vez lo mejor hubiera sido dejar que estos robots sigan luchando en nuestra memoria.

ESE LUGAR

13:53 1 Comments


Ya te habían hablado de ese boliche, te contaron muchas cosas de él, que es el más popular de todos, el único que supera a Mc. Donald’s en sucursales. Que ésta taberna se halla en todos los países del mundo, absolutamente en todos. Abierto al público en general, que no se reserva el derecho de admisión.

Un ambiente donde puedes beber cualquier cantidad de tragos a precios muy bajos. Un espacio en el cual se mezclan noctámbulos de diversos tipos y tendencias; hombres y mujeres, policías y maleantes, incultos y eruditos, lesbianas y homosexuales, amigos y enemigos; todos se dan cita en este bar a cielo abierto.

Beberás toda la noche cómodamente, al lado de tus camaradas bohemios. Y al final no importará cuan elevado sea tu índice de alcoholemia, no habrá mastodonte bien uniformado que se dirija a ti de buena o mala manera para insinuarte que ya estás demasiado borracho, que debes desalojar el recinto, no.

El bar es tan grande que si gustas, o si es que en realidad las piernas y el conjunto de tus músculos, están demasiado atrofiados debido a los hechizos causados por el Dios Baco, pues sencillamente puedes apoltronarte en uno de los muchos asientos cómodos para que, anestesiado y cubierto por el pesado sueño, puedas recibir los primeros e inoportunos rayos del enemigo de la noche y por ende del bar.

Despertarás amodorrado y confundido. Los constantes latidos de tu cabeza te harán pedir perdón por tu euforia alcohólica. Primero verás aclarase la figura de tus pies, y seguramente no recordarás en qué momento te quitaste los zapatos. No lo sabes, sin embargo, ahora, con la imagen clara, ves tus pies descalzos, un poco morados debido al frió del pavimento.

Tus sentidos, empiezan a reaccionar de su letargo, te transmiten la crucial información de que si no haces algo rápido sufrirás un letal ataque de hipotermia, debido a que, al igual que los zapatos, tu pantalón y chamarra también desaparecieron misteriosamente.

El sol, que podría ser tu aliado contra el frío, parece haberse puesto en tu contra e ilumina con tanto brillo que no puedes mantener los ojos abiertos por mucho tiempo.

Entonces, te das cuenta de que tus colegas nocturnos, quién sabe por qué cósmicas razones se trasformaron, y la juventud que lucían por la noche les duró sólo eso, la noche. Y es que con la mañana parecería que se cargaron unas décadas encima. Porque las brillantes ropas que usaron por la noche, con la mañana se convirtieron en delantales y sus cigarros, en impetuosas escobas que barren sin parar. Estas personas, ahora absolutamente desconocidas para ti, no dejan de mostrar su arrebato por tu desnudez y balbucean algo entre dientes, consideran que tu cuerpo arrinconado en un ex sillón, (ex, ya que al igual que todo, se trasformó en un sucio y frío umbral de portón viejo) no les permite terminar su labor.

Es así que te preguntas dónde están tus amigos y piensas que al igual que todos los demás, ellos también sufrieron algún tipo de morfosis, y ahora pasan por tu lado, a paso rápido, bien peinados y cambiados dirigiéndose a trabajar.

Decides que ya es suficiente, que ya no eres bienvenido a esas horas en la cantina. Haces un esfuerzo sobre humano y tambaleándote logras ponerte en pie. Ya vas entiendo lo que pasó y te das cuenta de que lo mejor es que tomes un taxi lo antes posible, lo malo es que ninguno se detiene. Claro, quién querría llevar a un borracho en calzoncillos y polera, con qué pagaría la carrera, si las gárgolas nocturnas se apoderaron de todo lo valioso que poseía. Al final, un chofer, el más confiado, o tal vez el más humano para e incluso te ayuda a subir al vehiculo.

Con mucha dificultad pudiste dar las referencias de tu casa y después de muchas vueltas, por fin distingues la puerta. Tu hermana paga la deuda y después de agradecerle mucho al taxista, te guía hasta tu cama vociferando mil disparates.

Cuando despiertes, y estés conciente de todo lo que pasó, seguramente te pondrás a escribir lo acontecido como una forma de recordar y tal vez empieces así: Existe un boliche, el más popular de todos... la calle.

MEJOR LLAMAR AL ESPECIALISTA

9:09 8 Comments


Cuando llegué esa noche a mi casa, no tenía la menor idea de lo que me esperaba: Abrí la puerta, y mecánicamente oprimí el interruptor de la luz pero el foco no encendía. Intenté un par de veces más y nada. Todo parecía indicar que el foco se había quemado, sin embargo, no me preocupé porque sabía que tenía otro de repuesto.

En la oscuridad fui a buscar una vela, y con su ayuda pude llegar a encender las luces del piso de arriba y así encontrar la bombilla nueva.

De nuevo, abajo, a la luz de la vela acomodé una silla para sacar el foco quemado.

El problema comenzó cuando tuve dificultades para girar el foco. Estaba muy duro, como soldado con el soquet. En el tercer intento, el vidrio de la bombilla se rompió por la presión. Afortunadamente tenía puesto un guante que protegió mi mano de cualquier corte.

Ya sin ninguna forma de agarrar el foco, tuve que improvisar. Es así, que con la punta de un desarmador intenté hacer girar la rosca del foco desde adentro. Cuando daba señales de que los restos del foco estaban cediendo, la punta del destornillador se me resbaló y chocó con la base del cono, provocando un destello plateado que me hizo caer de silla.

Me puse de pie y luego de recuperarme del susto, me di cuenta que en el piso de arriba, al igual que en el de abajo, todo era oscuridad. Había provocado un corto circuito.

Al principio pensé que no era nada grave, nada que un electricista no pudiera solucionar. Sin embargo, estaba equivocado, porque sentí un olor de cables quemados por toda la casa, pero eso no era nada comparado con el humo que provenía del piso de arriba. Preocupado, no entendía porque las cosas se estaban poniendo tan mal.

A tientas, me dirigí al segundo piso para ver de dónde provenía el humo. Con dificultad llegué al cuarto y lo primero que vi fueron las cortinas que estaban incendiándose desde la base.

Asustado me dirigí al baño en busca de agua. Al igual que toda la casa, también estaba en tinieblas. Tratando de recoger un bañador del piso, me golpee la frente con el borde del inodoro provocándome un dolor agudo que atravesó mi cabeza hasta llegar a la nuca. Atontado, llené como pude el recipiente y regresé al cuarto, pero justo antes de alcanzar la cama, como maldecido por los dioses, tropecé con la alfombra: el bañador saltó de mis manos salpicando todo menos el fuego, mi quijada chocó con el filo del catre, y tanta fue la desgracia, que no sólo mi mandíbula se dislocó, sino que además me mordí la lengua casi hasta el punto de partirla en dos. Grité una sola vez y con mucha fuerza, pero aunque quería seguir gritando no solo de dolor sino también de rabia, no podía hacerlo, porque mi mandíbula no se movía, simplemente colgaba y mi lengua no paraba de sangrar. Gemía.

Mientras tanto el fuego consumía todo lo que encontraba, me arrastré hasta el baño y cubrí mi lengua con papel higiénico intentando detener la hemorragia. Busqué otro recipiente para aplacar el incendio, pero el humo ya ahogaba toda la casa. Creo que cuando intentaba volver al cuarto con más agua me desmayé.

Gracias al llamado de algún vecino, los bomberos pudieron rescatarme con vida. El resultado de todo fue que yo terminé con varias quemaduras de diversos tipos, tengo problemas de pronunciación y mi mandíbula no pudo volver por completo a su antiguo lugar. De mi casa no quedó prácticamente nada de valor, y además no estaba asegurada.

Desde entonces, mi vida cambió. Estoy reconstruyendo mi casa, bueno, en realidad no yo, porque ya no muevo un dedo por iniciativa propia. Me volví un adicto-dependiente de las otras personas, pero más de sus oficios: médicos, ingenieros, aseguradores, carpinteros y sobretodo electricistas.

SUCRE´S NIGHT

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Es cierto que la vida nocturna de nuestra ciudad no genera un movimiento a gran escala, sin embargo, se puede apreciar que en los últimos años se han estado abriendo nuevos espacios dedicados al goce nocturno.

A grandes luces, la bohemia de Sucre parece reducirse a los cafés, discotecas y pubs que se encuentran en el centro de la ciudad. Pero si colocamos el movimiento nocturno bajo la lupa, nos percataremos de que en realidad hay un pequeño universo formado por varios círculos donde las noches capitalinas transcurren.

Hay que reconocer la existencia de dos escenarios opuestos donde la bohemia se reúne: uno, el oficial, constituido por todos los boliches que se encuentran principalmente en el centro; y otro, el under (por así llamarlo), que es el conglomerado de espacios que no forman parte de los circuitos de diversión establecidos. Son dos segmentos que se diferencian claramente por el tipo de mercado al que están dirigidos.

La vida nocturna oficial, está conformada por el colectivo de boliches que pagan impuestos, tienen licencia de funcionamiento, etc. es decir con todo en orden, o casi en orden.

La cara oficial de la movida nocturna de Sucre, está dada por la actividad que se desarrolla en la calle Nicolás Ortiz. En una sola cuadra encontramos más de cinco de cafés y pubs, que en cierta forma manejan el monopolio de la recreación nocturna en la ciudad. Tener un boliche en la Nicolás Ortiz, significa acceder a un segmento que se reconoce entre sí por estar dentro de un circulo social distintivo.

A medida que nos alejamos de la plaza, los boliches son más dispersos, las tarifas bajan, y por ende la gente que acude a estos lugares, difiere de las que concurren a la calle de los cafés. Estos otros boliches son variados, la mayoría pequeños y tratan de tener alguna característica que los diferencie.

Pero lo oficial es conocido, inclusive aburrido y por ello no vale la pena profundizar en el tema. En realidad, lo interesante está en la vida noctámbula que se genera en los diferentes rincones de nuestra urbe, que para la mayor parte de la gente resulta desconocida.

Entre lo oficial y lo under se puede situar a la calle. La calle como un espacio transitorio de bohemia. Transitorio por estar a disposición del publico sólo en determinados horarios. Abierto desde tardes horas del anochecer hasta que los primeros rayos del sol brillen en el horizonte.

La calle es un escenario generalmente aprovechado por la juventud estudiantil de Sucre, que, al no contar con las posibilidades económicas de costearse una farra en un local, o después de no haber llegado a satisfacer completamente sus deseos etílicos, considera a la calle como la mejor alternativa para beber un poco más. Asumiendo por consiguiente diferentes riesgos, como la posibilidad de ser cargado por una patrulla de policías, pelear con otros bebedores callejeros o simplemente embriagarse hasta quedar dormido en una puerta cualquiera, y despertar en el mañana casi desnudo.

Lo under se da en lugares medio camuflados tanto en el centro, como en los barrios periféricos de la ciudad. Se constituye en una realidad que la gente prefiere obviar, pasar de lado, disimular y hacerse a la desentendida. Sin embargo, no se puede negar que el alcohol forma parte de la dinámica social, sobre todo en los países latinoamericanos; y en Bolivia con mayor razón, cuando cualquier motivo es bueno para destapar una botella.

“La curva” es el nombre de un bar que se encuentra justamente en una curva. Este boliche como otros que se ubican en el barrio de Surapata, componen un escenario que nos muestra una cara diferente de la vida nocturna de la ciudad.

Pero hay más, bares como “El Veneno”, “El Averno” y “El Siete Machos”, entre otros, que con sus sugestivos nombres, nos dan un referente acerca de lo que nos pueden ofrecer, también forman parte importante de la otra bohemia. Muchos de estos bares recién inician sus actividades a las cuatro de la madrugada, otros, como “La Curva” están abiertos las 24 horas del día.

Escritores como Jaime Saenz y sobre todo Víctor Hugo Viscarra desnudaron a la ciudad de La Paz de noche, para mostrarnos la otra La Paz en su más cruda realidad.

Al parecer, no sólo los paceños tienen su bohemia under. Aquí, en la culta Charcas, también existen lugares en los que lo único que importa es chupar.

Para nosotros, la gente común, hacer una incursión en estos territorios puede resultar ser una especie de viaje turístico a lo violento y lo truculento. Mejor no llevar ningún equipaje. Lo único necesario será contar con una garganta de lata y un hígado de acero.

Beber en lugares así implica dejar a un lado la moral y todos los preceptos religiosos. Será mejor olvidar algunas cosas como el estatus o incluso la identidad. Es bueno cambiar el nombre propio por algún apodo o chapa que vaya con el ambiente, algo así como: “El Plaga”, “El Rufián”; tal vez “El Silencio”, de esta forma, uno se podrá desenvolver con mayor comodidad entre la variedad de personajes que habitan estos paraísos infernales.

Todos los bebedores conforman un solo conglomerado, donde lo que verdaderamente importa es beber hasta perder la conciencia y algunos incluso beberán hasta morir.

Podemos decir que ambos escenarios, el under y el oficial son mundos paralelos. Ambos se repelen, y se niegan. Son fruto de hechos sociales; son los lugares donde las personas buscan encontrarse con sus semejantes, para bien o para mal.

Este ha sido un pincelazo de los segmentos más importantes que conforman una noche típica en nuestra urbe. Es indudable que hay un mundo oscuro y complejo para seguir explorando. Está parcialmente escondido, mimetizado entre lo oficial y sus prácticas de moralidad y buenas costumbres.

Hay un lugar donde las personas que deciden entregar sus almas al Dios Baco, pueden ofrendarse noche tras noche. A ellos les pertenece el reino de la otra bohemia.


Así, en las noches de Sucre, noches de amor, brilla la luna con esplendor... y debajo?

HARDCORE NOBEL

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Como otros tantos Premios Nobel de literatura, (sobre todo los últimos) Elfriede Jelinek (Nobel 2004), se suma a la lista de escritores desconocidos y extraños para la mayoría. Sobre todo considerando el hecho de que la promoción y distribución de libros en nuestro medio no tiene mas alternativa que aprovechar alguna que otra feria itinerante, que no siempre llega a cubrir las expectativas de los lectores. En fin...

Volviendo a Jelinek, confieso que yo también formaba parte de la otra lista, la de los lectores que desconocen a esta escritora austriaca. Debo decir que me decidí a comprar este libro, no por el rótulo de Premio Nobel, sino mas bien por el sugerente titulo: “Deseo”.

Tal vez esperaba una lectura con tintes eróticos, nada muy provocador. Pensé esto basado en el prejuicio de que siendo una novela galardonada por la Academia, seguramente no se trataría de algo muy radical. Qué equivocado estaba.

Gerti es una mujer casada con el director de una fábrica de papel. El matrimonio tiene un pequeño hijo. Son la familia más acomodada de un pequeño pueblo ubicado en Europa central. Hasta aquí todo parece normal, sin embargo, a medida que se van leyendo las páginas, uno se percata del conflicto que se desarrolla en este hogar. El hombre es el prototipo de jefe de familia; sólo él puede trabajar, lo que le confiere un poder absoluto sobre las decisiones de la casa. Es un burgués que vive muy bien, pero está lleno de frustraciones y temores. Son estos sentimientos los que guían sus instintos y despiertan el animal que habita en él. Es un animal que tiene por víctima a su esposa y es el cuerpo de su mujer donde puede despabilarse a su antojo.

El niño está presente en casi todos los cuadros obscenos, el pequeño no entiende bien lo que ocurre, pero sabe que las imágenes que pasan una tras otra ante sus ojos, nos son normales. El pequeño no puede hacer nada, sus padres condicionaron su silencio y complacencia con regalos y otras gratificaciones.

A la larga, Gerti intentará escapar de este infierno de ultraje y dominación. Un joven amante parece ser la oportunidad para cambiar de vida. No obstante, todo resulta ser un espejismo. La cruda verdad la abofetea una y otra vez, ya que el drama que tiene lugar en las cuatro paredes de su hogar, no es más que una pequeña réplica de lo que se repite en otras relaciones afuera.

La novela considera el aspecto socioeconómico como un factor que influye en la caracterización de los personajes. En el caso del director, su buena situación económica, le brinda las condiciones adecuadas para poder satisfacer todos sus deseos. Él es un dictador, controlando el mundo que lo rodea. Mira a sus empleados como a gente inferior, gente que debe trabajar mucho y dormir poco: “Un día de diversión se lo toman los pobres y los ricos, pero por desgracia los pobres no se lo dan a los ricos”. De todas maneras, con algunas diferencias, el placer también está al alcance de los de abajo: “incluso a los más pobres se les concede el placer de las hembras pobres”.

“Deseo” lleva al límite la narrativa que aborda los temas sexuales. Es como una reconstrucción del hardcore típico de las películas XXX, adaptada al ámbito literario. Pero no se me malinterprete, no se trata de una simple descripción gráfica saturada de morbo y sexo duro sin sentido. Cada escena que se desarrolla en “Deseo” es fuerte no hay duda, pero es fruto de un contexto muy complejo que marca cada acción.

Jelinek apuesta por la ficción de la novela para desenmascarar los conflictos sexuales de una sociedad posmoderna. Una sociedad en la que el acto sexual no puede reducirse simplemente al coito, ya no basta. Hay un vacío que debe llenarse con perversiones y oscuros deseos.

“Deseo”, además implica un desafío para el lector, ya que no se trata de una escritura con un hilo conductor lineal. Es, en conjunto, una especie de álbum donde algunas fotos están bien enfocadas y otras no. Cada imagen revela diferentes aspectos de una trama sexualmente violenta. Fotografías que pueden pasar por radiografías. Todas ellas con una nota al pie, que mordazmente cuestiona nuestros paradigmas de moralidad, la aparente liberación sexual y los mecanismos de poder, basados en un machismo recalcitrante. “Todo debe ser eterno, y además poder ser repetido con frecuencia, dicen los hombres, y tiran de las riendas que un día su mamá sujeto con cariño”.

Sin duda la historia y el entorno han delineado el imaginario de mujeres y hombres: “Las mujeres, alimentadas con esperanzas, viven del recuerdo, los hombres, en cambio, del instante que les pertenece”.

Elfriede Jelinek reflexiona sobre el papel de la mujer en la sociedad, basándose en su desempeño sexual, la forma en que puede ayudar a hacer más habitable el mundo de los hombres y, además, el estigma de tener que parir con el objeto de preservar la especie... “El indómito sexo de la mujer parece como carente de un plan preciso, ¿y para qué se emplea? Para que el hombre pueda dedicarse a la naturaleza. Pero también para los hijos y nietecitos que de algún sitio quieren venir (...)”

“Deseo” no se constituye en un libro panfletario, que induce a las mujeres a tomar cartas en el asunto y promover una nueva revolución feminista. En todo caso, la letra de Jelinek, alza los velos que encubren la hipocresía tanto de hombres como de mujeres. Con palabras simples destapa la cacerola para que, pasados los vapores, nos percatemos de que la comida está completamente quemada. Entonces, implícitamente propone dos opciones: podemos comerla y aguantarnos el mal sabor o tirarla a la basura y cocinar todo de nuevo.

Todo parece indicar que los tabúes en materia de literatura se van quedando atrás y que, además, hay espacios oficiales que se están abriendo, poniendo atención a expresiones que de a poco están sacando a la luz nuestros percudidos trapitos. Cambiar y corregir es la tarea que nos espera, mientras tanto, algunos escritores como Elfriede Jelinek relatarán que:

(...) Este hombre se ha vaciado dentro de la mujer, (...). Encorvado en posición reglamentaria de salto, el director sale de la mujer, dejando sus derechos. Porque pronto la trampa de las labores domésticas volverá a atraparla, y la devolverá allá de donde vino. Falta mucho para que se ponga el sol. El hombre se ha vertido jovialmente, y mientras el fango sale de su boca y de sus genitales, va a limpiarse los restos del pastel gozado.

JUEGO DE NOSTALGIA DE JUEGO

10:16 1 Comments


En algún momento de nuestro diario vivir nos detenemos. Por un instante dejamos de lado nuestras preocupaciones y la rutina que copa los minutos de nuestras cada vez más atareadas y preocupadas existencias. ¿Que pasó? ¿Por qué? Probablemente estemos sufriendo un imprevisto ataque de nostalgia.

Ayer caminaba por el barrio en el que pasé mi niñez: las calles eran las mismas, sólo que ahora con más tráfico. Las casas sufrieron cambios y adaptaciones, la mía no fue la excepción. Todo esto no me sorprendió para nada, sino el vacío en la calzada, en la acera, en todo en barrio. Sí, había autos y peatones, pero ningún niño, lo que significaba que el vacío estaba presente.

Creo que inconcientemente esperaba encontrar a muchos pequeñuelos jugando y riendo, tal y como yo lo hacia en las tardes de ocio. Entonces me pregunté donde estaban, si esa ya no era hora de clases. Si por efectos de crecimiento poblacional, se supone que hay cada vez más niños que los que había cuando yo era un infante.

Mientras me iba alejando de mi antiguo barrio, seguí conjeturando los motivos de esta extraña ausencia. Me di cuenta que ahora es raro ver jugar a los niños en lugares públicos, el fenómeno no sólo se da en mi viejo barrio, sino en la ciudad en su conjunto.

Lejos ya, en mi casa (la nueva), recordé que nosotros, los niños de mi época, jugábamos en la calle, en las plazas o parques porque era más divertido que estar en nuestros hogares. Pero la base de este hecho, radicaba en los juegos mismos. Y es que antes uno no necesitaba más que la imaginación, juguetes sencillos, o algunos materiales de desecho, pero eso si, lo más importante, un grupo de amigos para pasarla bien. Esos días lamentablemente ya son historia.

¿Quién recuerda la pelota quemada?; ese juego tan movido en el que uno debía esquivar una pelota de trapo, que en la cabeza de un niño parecía estar envuelta en fuego ardiente. O el “Ángel mío”, que nos regalaba las primeras nociones de la dualidad del mundo; Ángeles y Demonios librando una lucha encarnizada por el alma de los mortales. Una pelea sin sangre, ni llanto, todo lo contrario: una agonía de risas y carcajadas.

Valerse del viento en agosto y buscar una colina elevada para pasar tardes integras con nuestros voladores como único horizonte, ansiando tener alas y volar como ellos.

Los jalones de orejas de nuestras madres o abuelas por haber robado sus frijoles coloridos para jugar a los “chuis” con los compinches.

Las carreras de cochecitos sin motor, un reto a la imaginación de los ingenieros del mañana y los grandes corredores de autos verdaderos en el futuro.

El trompo, ese juguete básico y naturalmente sublime.

Jugar a las escondidas, saber aprovechar los rincones o espacios de cualquier lugar, y sentir ese nerviosismo en el estomago, esas ganas de orinar mientras esperas oculto, conteniendo la respiración.

Las pepas, que se encontraban en la arena para golpearse con violencia intentando demostrar la supremacía de su dueño; el atesorarlas. Un niño con gran cantidad de estas vidriosas esferas, era considerado como un acaudalado con suerte.

Robarles la acera a los grandes para pintar la mágica cruz de la rayuela. Decidir nuestro destino con la ayuda de una cáscara de naranja. Llegar al cielo o quedarnos en el infierno.

El juego de resistencia física más divertido: “el choro morro”, que ayudaba a curtir las espaldas de los que se ponían de base para los intrépidos saltamontes que cada vez llegaban más y más lejos.

“La tula” juego irracionalmente básico, que sin embargo podía mantenernos divertidos por mucho rato.

En fin, tantos otros que por el pasar de los años se me fueron quedando en los rincones empolvados de la memoria. ¿Y que fue de toda esta gama de juegos geniales?. Se fueron desvaneciendo, no por los años, para nada. La televisión jugó un papel importante, que si bien, en mi niñez ya existía, todavía era pequeña, y no el monstruo come-neuronas que es nuestros tiempos.

Claro que esta caja con pantalla de vidrio, no habría llegado hasta donde se encuentra hoy, si no hubiera sido por nosotros mismos y nuestra desidia. Esa flojera y egoísmo de padres preocupados en cosas más importes que la educación de los hijos. Es muy fácil delegar a terceros la enseñanza que deberíamos darles a los niños todos días. Y es que el dinosaurio gringo “Barney” está para eso no?. Obvio, él nunca duerme y tiene toda la paciencia y decisión de amarrar las mentes de los infantes tercermundistas a la pantalla del televisor, por un tiempo indefinido.

Otro aspecto que ayudó a barrer con la cultura del juego infantil colectivo, es el individualismo cada más arraigado en nosotros. Ese que hace que cada uno se encierre en una burbuja y evite el roce con las demás burbujas de su especie. La pérdida gradual de la oralidad al interior de nuestras sociedades es fruto de este aislamiento.

El hecho de hablar con la familia, contar experiencias y anécdotas, perdió toda importancia. Ya no nos interesa saber más acerca de nuestros abuelos, simplemente entender que vivieron, tuvieron hijos, por su culpa estamos aquí, y ahora ellos están más cercanos a la muerte que antes.

Los juguetes cada vez más sofisticados, están destinados a germinar la semilla del consumismo compulsivo en los niños de hoy. Ahora un juguete no puede llamarse tal, si es que no vuela, habla, se trasforma, emite sonidos fantásticos o dispara rayos láser. ¿Qué posibilidad tiene un pedazo de madera cónico con punta metálica, un trompo, al lado de una espada de luz jedi, igual a la de Obi Wan Kenobi?, tal vez ninguna, tal vez toda. Todo dependerá de nosotros, los adultos, de abrir un paréntesis en nuestras absorbentes actividades para volver por un momento a ser niños, -niños-maestros-, que enseñen la magia de los juegos que nunca deberían haber dejado de ser divertidos, actuales y educativos.

Cuando empecé a escribir estas líneas, nostalgia era lo que sentía. Ahora que termino ya no es sólo eso, sino también tristeza.

LOS OTROS FRÍOS

9:24 1 Comments


El frío forma parte de nuestras vidas, aunque ésta afirmación tenga su lado oscuro, ya que el frío está presente tanto en la vida, como en la muerte; la muerte física no sería tal sin el entumecimiento por la falta de circulación sanguínea y el consecuente frío, el frío mortal.

¿Será que existe solamente un tipo de frío, un frío común a todas las circunstancias y ocasiones? O es que en realidad habrá una variedad de fríos, como un abanico de sensaciones frígidas?. Pienso que sí, que a lo largo de nuestras existencias vamos experimentando una serie de fríos distintos.

No recuerdo la edad que tenía, creo que simplemente estaba dotado del conocimiento suficiente para saber que existía, sin embargo, éste saberme como algo viviente era confuso, lo único claro era la sensación de ocupar un breve espacio. No reconocía mi forma, tampoco mis detalles, hasta que tuve mi primer contacto con esa superficie plana, argenta e infinita. Un espejo. En esa imagen confluimos todos, yo y los que vendrían más delante; otros yo. Sentí mi primer frío.

En mi niñez conocí a un gato blanco y perfecto. Al principio jugamos, pero luego llegué a odiarlo, creo que por eso murió entre mis manos. Más tarde mi madre se enteraría, y en el momento en que empuñaba el cuero trenzado, mi espalda se estremecía con el sudor que la empapaba. Frío de miedo.

En la adolescencia quería estar con una chica, y sin saber cómo hablar con ella acerca de lo que sentía, le escribí una carta mal redactada y con letra pésima. Me quedé escondido detrás de un pilar, mientras un amigo le entregaba la misiva. Desde ahí pude ver el desdén con que desdoblaba el papel, y la forma resignada con que leía, su hastío al terminar y la saña con que despedazaba la carta. Frío amargo.

Durante los primeros acercamientos a la vida nocturna inundada de alcohol, me quedé dormido en la calle. La borrachera te abre las puertas de un teatro donde todo lo normal se trastoca en grotesco. Las horas transcurren, y con la luz del amanecer te das cuenta que estás casi desnudo y perdido. Hay frío de desamparo.

Otro será el frío del vacío, producto de la soledad aguda. O la angustia de una tarde de julio, cuando estás parado detrás de la ventana, contemplando el caer de las hojas sin poder hacer nada. Muy parecido al frío de la muerte de un pariente, cuando él ya no puede vestirse para su propio entierro y debes ayudarlo.


Estos y otros fríos acompañan espacios y tiempos que vivimos y que vamos a vivir. El frío último nos estará esperando al final del camino. Y si en esta oportunidad aborde el tema es simplemente porque la realidad demuestra que el frío es una tela grande que se ofrece a todos para cortarla, ya que ésta tela no abriga nada.