Tengo muchas hojas, pero se están cayendo. Soy un roble grande y viejo, estoy antes de que los humanos hayan pisado este suelo. Todavía era joven cuando esas comunidades que están allá, pasando el río, decidieron instalarse en la región, pero entonces a pesar de mi juventud ya era alto y podía ver desde acá lo que hacían y cómo vivían. Ellos nos miraban desde abajo con respeto y recogían los frutos que caían de nuestras ramas.
Pero las cosas dejaron de ser así hace mucho tiempo, porque ahora las casas están vacías; sus habitantes se fueron, familias enteras con sus abuelos e hijos pequeños incluso. Eso fue cuando llegaron las tropas con sus armas, sus escudos y sus gases tóxicos, obligando a la gente a salir de la aldea y escapar para salvar sus vidas. Muchos murieron y sólo sus cadáveres quedaron secándose en la orilla del río.
Desde que los sacaron de este lugar todo empezó a cambiar. Al principio hubo silencio, en realidad eso que se llama silencio acá; es decir sólo se escuchaba al bosque y los sonidos de las criaturas que lo habitan. Pero luego ese silencio se rompió cuando a lo lejos columnas de humo negro comenzaron a levantarse por sobre el verde de las copas de los árboles. Es impresionante pues ese humo negro se fue acercando lentamente, cada día lo podía observar más y más cerca de aquí, tanto que su olor amargo empezó a colarse entre mis hojas. Luego verifiqué con claridad que el humo provenía de un ejército de maquinas amarillas casi tan grandes como yo, operadas por un contingente de humanos vestidos con ropas de color naranja. Imparables, avanzaban abriendo una gran zanja en el bosque, una herida que arrasaba con todo lo verde dejando a su paso una profunda cicatriz de lodo.
Antes todas las tardes terminaban con el paso de los bufeos, los delfines de agua dulce, que volvían de pescar. Luego las chicharras empezaban su concierto para despedir el sol y daban paso a los murciélagos que salían en grandes bandadas para comer frutos nocturnos. Pero desde que las maquinas llegaron al frente, a la orilla del río, y empezaron a tender esa estructura de cemento todos se fueron: los monos y pumas se escaparon al interior del bosque, los insectos no dejaron ni rastro como si se los hubiera tragado la tierra, las aves se fueron tan lejos como sus alas se lo permitieron, hasta las pirañas huyeron contra la corriente; cómo podían seguir viviendo aquí, si el río está manchado de aceite y combustibles.
Pero nosotros seguimos aquí, los que vivimos para quedarnos donde nacimos. Tengo muchas hojas, pero se están cayendo, soy un árbol de los más viejos del Sécure, pero ni mis años, ni la fortaleza de mis raíces podrán detener a estos asesinos del bosque. Cada amanecer dejó de ser una dicha, una oportunidad para dar gracias por el aire que respiramos; ahora es más bien una tortura. Aquí, delante de mí, cada mañana continúa dibujándose un paisaje desolado; arrasaron con toda la vida que florecía en este lugar. Comprendo que una vez que pasen sobre mis huesos, las máquinas no se detendrán, harán lo mismo con mis compañeros que tiemblan con su avance implacable. Si tan solo pudiéramos huir como los animales, los peces, las aves…
Han pasado varios días y casi no me quedan hojas en el cuerpo; se fueron cayendo durante todo este tiempo, las primeras de pena, de miedo, las otras porque mi sangré ya no pudo alcanzarlas para mantenerlas con vida. Y es que si van a matarme por qué no lo hacen rápido, por qué el sadismo de sus motosierras, que lo único que hacen es alargar mi agonía. Por fin, ahora sí tocaron mi corazón, se desangra, sé que voy a caer, voy a caer. Todo está perdido, ojalá terminen pronto… pero no puedo dejar de preguntarme, ¿qué vendrá después?
SE ACERCAN Y NO ME PUEDO IR
COLONIALIDAD, RACISMO Y TEATRALIDAD DEL PODER

Este ensayo pretende explicar desde una mirada crítica una de las expresiones más vívidas de racismo y discriminación que se registró en Bolivia durante los últimos años, se trata del caso denominado “24 de Mayo”.
A manera de reseña
Luego de un proceso político crítico y violento que enfrentó al Gobierno de Evo Morales con el movimiento cívico de la ciudad de Sucre en el marco del desarrollo de la Asamblea Constituyente, el 24 de mayo de 2008, el presidente planeó asistir a la celebración de la efeméride de esta ciudad. El mandatario tenía programado entregar equipamiento para el área rural y con este motivo, cientos de campesinos e indígenas se trasladaron a la urbe para recibirlo.
Sin embargo grupos de citadinos, en su afán de evitar la llegada de Morales, se enfrentaron a los indígenas capturando a cerca de 30 personas que fueron obligadas a marchar hasta la plaza 25 de Mayo en un peregrinaje marcado por el racismo expresado en insultos, increpaciones y violencia física y simbólica. Finalmente, en la plaza los indígenas fueron sometidos a desnudarse el torso, arrodillarse y quemar sus símbolos; a gritar consignas contra el presidente Morales y a favor de la capital, Sucre. Algunos de los vejados incluso fueron sojuzgados a besar el suelo y la bandera de la ciudad.
El corpus
Para poder aplicar las categorías de interpretación al hecho, se construyó un corpus haciendo una segmentación de la trama desarrollada a lo largo de la jornada del 24 de mayo. Es así que se definió trabajar, al margen del contexto general, sobre uno de los momentos críticos de lo sucedido, cuando en plaza 25 de Mayo dos campesinos fueron obligados a hincarse y repetir consignas que a continuación se reproducen como extracto de las filmaciones realizadas ese día:
Agresor 1: ¡Gritá, gritá! ¡gritá Sucre te quiero!
Campesino: Sucre te quiero.
Agresor 1: Sucre capital constitucional de Bolivia
Campesino: Sucre constitucional capital de Bolivia
Agresor 1: Nunca voy a ser del MAS
Campesino: Yo estoy contigo Sucre
Agresor 1: Di que no eres del MAS…
Agresor 2: Ahí está otro más, a este más.
Agresor 1: ¡Gritá puta! ¡Gritá carajo!
Sin darle tiempo para responder, éste es obligado a besar el “suelo” de la Casa de la Libertad y la bandera de Sucre.
“Sucre de pie, ¡Evo derrotado!”, es el grito generalizado de los agresores.
Racismo y la zona del no ser
El racismo es un fenómeno social que se instauró en América de la mano de la conquista y a lo largo del tiempo se estableció como una forma de dominación, primero protagonizada por los españoles y posteriormente aplicada en la época republicana por las élites criollas liberales.
En nuestro caso, el hecho presenta muchas aristas y posibilidades de abordaje, sin embargo la intención es pensar el corpus entorno a la perspectiva colonial–decolonial, desde los aportes de Ramón Grosfoguel, Frantz Fanon y Walter Mignolo, cuya lectura da mayores luces para realizar una interpretación más cabal del objeto de estudio.
El racismo está ligado a la construcción racial de clases en América, fue justamente el proceso de estratificación de razas el que determinó las relaciones de poder entre los sujetos sociales. Las castas, (término acuñado y empleado por los colonizadores) fue el argumento que permitió delimitar una geografía racial fruto de las mezclas entre indios, negros y españoles, claro que respecto al primer término, se debe aclarar -tomándole la palabra a Walter Mignolo- que “así como no había indios en América antes de la llegada de los españoles, no había malgaches en Madagascar antes de la llegada de los franceses”.
La construcción de castas fue recibiendo una serie de denominativos en función de las mezclas y sus posibilidades, como da cuenta de ello el texto de Efraín Castro Morales, en “Los cuadros de castas en la Nueva España”, donde los personajes son sin duda, una construcción social de sujetos desde lo visual, considerando además que de ninguna manera esta construcción era una simple forma de hacer una etnografía “inocente”, como señala Mará Eugenia Chaves:
El término castas fue altamente peyorativo ya que retomó las acepciones medievales negativas del vocablo, vigentes en el castellano de la época con el objeto de aplicarlo como indicador, por un lado de un tipo de relación sexual asimilada a la animal (…) y, por otro, porque implícito en su significado estaba la idea de que los hijos heredan los ‘vicios’ de los padres y no sólo su aspecto físico.
Evidentemente, en el contexto actual resulta difícil poder realizar una categorización de los protagonistas del corpus respecto a las categorías de los cuadros de castas, empero sólo con fines explicativos vale la pena hacer un ejercicio. Las víctimas, que en este trabajo se denominan campesinos, tendrían que ser mestizos descendientes de indígenas originarios, pero también (en mayor o menor grado) sus propios agresores; y es que tal vez la diferencia de los agresores radique en su relativa proximidad a lo blanco-mestizo y sus estructuras sociales. En todo caso, es ahí donde se ubica una de las contradicciones de esta forma de violencia. ¿Cómo se explica que los agresores traten a los campesinos como a animales, cuando ambos no difieren mucho en sus características raciales? Si volvemos a los cuadros de castas para hacer una comparación comprenderemos que ambos derivan de la combinación entre lo español y lo indio, y que la diferencia “fuerte” se fundamenta en la condición geográfica, social y política de los actores. Es paradójico además el hecho de que muchos de los universitarios agresores son hijos o parientes de campesinos; gente que labra la tierra para reunir el dinero suficiente para enviar a sus hijos a estudiar en la ciudad. Entonces probablemente el conflicto tiene que ver con la concepción del ser y no ser, es decir que para algunos (los agresores) la “carta de ciudadanía” está ligada al carácter urbano del sujeto. Hago referencia a Ramón Grosfoguel, que cuestiona cómo se define el prototipo de ser: hombre, blanco, heterosexual, profesional, adulto, etc. A partir de estos atributos se definen categorías de lo rural y lo urbano. Lo rural y sus representantes, en este caso, no son porque no cumplen el canon, canon entendido como el habitante de la ciudad de Sucre y férreo opositor al gobierno.
Racismo y política
Una vez aclarado el hecho de que no existen diferencias morfológicas ni biológicas que sustenten el discurso racista, surgen algunas inquietudes. ¿Acaso hay relación entre las expresiones racistas y la filiación política de los campesinos? o ¿la tendencia política de éstos es un argumento para ejercer esa violencia?
Más allá de constituirse en un frente opositor al oficialismo, los protagonistas que vejaron a los campesinos, imprimieron violencia como una forma de venganza por lo sucedido en 2007 en Sucre, pero no contra el partido político MAS, sino contra Evo Morales. Él, dada su investidura, no corre el riesgo de ser sometido a esa violencia, sin embargo, los indígenas y campesinos “comunes” sí. Entonces, la violencia ejercida es también simbólica porque agredir, insultar y ofender a un indígena/campesino, implica hacer lo mismo con Evo Morales y lo que éste representa en la coyuntura política: la reivindicación de los originarios.
En este entendido plateo que el hecho responde a una dinámica de racialización “del otro”, que para el caso sería el oficialista, “el masista”; en esta dinámica el MAS se constituye en el marco simbólico que agrupa a campesinos, indígenas, whipalas y otros símbolos que deben ser rechazados, reprimidos y en su caso sometidos a la voluntad de los “verdaderos” sucrenses. Así, el campesino y sus representaciones se constituyen en el arquetipo que hay que repeler y castigar; se desarrolla una relación determinante entre lo indígena/campesino y el partido político MAS. En esta especie de sinonimia: campesino/indígena = MAS, lo visual es un factor que promueve el prejuicio y quien mejor que Fanon para dar cuenta de ello. “Estoy sobre determinado desde el exterior. No se me da ninguna oportunidad. No soy esclavo de ‘la idea’ que otros tienen de mí, sino de mi apariencia”. En este caso no es tanto el color de la piel, sino la vestimenta, atavíos y símbolos que “revelan” al indígena y al campesino.
El retorno a lo colonial (obra en tres actos)
El perfomance racista que motivó la elaboración de este ensayo puede ser fraccionado en tres momentos o lecturas a manera de analogía con una obra de teatro.
I acto. “El viacrucis”
Tal y como si fueran animales, los más de 30 campesinos fueron “atrapados” (por no decir cazados) por la turba que los sometió a una marcha de martirio y humillación. Luego, en el frontis de la Casa de la Libertad son los agresores, amparados en el estado de la correlación de fuerzas, quienes escriben el libreto de la obra; señalan lo que se debe decir como condición para no ser castigados e infunden miedo para someter al otro, ese que también… ¿es boliviano?
II acto. “Que los herejes purguen sus culpas”
El sometimiento del cuerpo puede ser considerado como un acto de “purificación” al estilo de la Santa Inquisición. Se puede considerar lo acontecido como un ritual de purgación de “los herejes” que deben besar el suelo y la bandera de “ese lugar sagrado” para salvarse de la hoguera (más violencia). Es paradójico además que justamente la bandera de Sucre lleve una cruz de Malta roja en fondo blanco, símbolo que recuerda su pasado como centro de poder colonial al haber sido sede la Real Audiencia de Charcas.
Sigamos. En las arengas de los agresores los campesinos son obligados a manifestar un sentimiento de afecto hacía una ciudad que en estos momentos se constituye en el escenario de su martirio (¿monte Calvario?). Asimismo, como una forma de amedrentamiento, se intenta “incrustar” con violencia, en el imaginario de los sometidos, las consecuencias que puede traer el hecho de ser partidarios del MAS. Por tanto, deben asumir sus culpas; es el arrepentimiento y la negación de sus convicciones el único camino para su salvación.
III acto. “La apología del miedo”
Esta representación concluye con la proclama que se grita a voz en cuello durante el clímax del tercer acto: “Sucre de pie, ¡Evo derrotado!”. Aquí, al celebrar lo sucedido como una victoria, los agresores cínicamente hacen la apología del racismo ¿Victoria de quién, sobre quién? Se trata de la reproducción de formas coloniales de sojuzgamiento y vulneración de los derechos “del otro”.
Sumados, todos estos aspectos motivan a pensar que todo se trata de un drama, la teatralidad del poder. En este contexto es la plaza principal el escenario de la trama, donde al igual que en el Medioevo, los otros eran sometidos al escarnio del público. Lúcida es la lectura de Georges Balandier acerca de esta tramoya:
Los procesos políticos, en su desarrollo, en la presentación que de ello se hace, llevan la dramatización a su máximo nivel de intensidad. Imponen una puesta en escena; un escenario, de los papeles, de los resortes secretos y de las violencias, las revelaciones y los efectos sorpresa que, por lo general, culminan con la confesión del acusado. Ponen de manifiesto lo que de extraordinario hay en la puesta a punto del ceremonial judiciario. Están sometidos a una lógica implacable, lo que no impide que su funcionamiento haga de todo ello fuente de emociones -de la reprobación a la cólera y el odio populares-. Convierten por un tiempo la escena política en un teatro trágico, puesto que la clave del drama es la muerte física o moral de aquellos a quienes el poder acusa en nombre de la salvaguarda de la forma y los valores supremos de la sociedad.
Reprochable, imagen tras imagen, la obra no deja de transcurrir, ¿por qué? Es el miedo la categoría que lubrica el movimiento forzado de las piezas sociales inconexas. Hay públicos que repudian el acto, sin embargo, es en la espiral del silencio donde se justifica el dejar hacer, dejar pasar.
A manera de conclusión
Sucesos como el del 24 de mayo marcan la memoria de los sujetos subalternizados, por tanto no se trata de olvidar y mirar hacia adelante desde una postura multiculturalista, asumiendo que somos distintos, pero que a pesar de las diferencias vivimos en armonía, no. Si bien lo sucedido dio lugar a la promulgación de una ley contra el racismo, esta no es la solución estructural al problema pues no por imponer sanciones penales a las expresiones racistas y discriminatorias éstas van a dejar de suceder. El Estado y los miembros de la sociedad debemos someternos a un proceso autocrítico para encontrar cuál es nuestro lugar, qué posición asumimos frente a hechos como este y qué vamos hacer en adelante. Me quedo con la reflexión de Walter Mignolo como propuesta para construir futuro:
Para los hombres y mujeres que crecieron, vivieron y se educaron habitando, conscientes o inconscientes, el espacio de la diferencia racial (diferencia colonial epistémica y ontológica), el olvidar es más difícil; quizá no es posible. Serán necesarias reorganizaciones fuertes en el control del conocimiento, de la economía, de la autoridad, en la formación de subjetividades que habiten zonas de pluridiversidad epistémica y ontológica, zonas en las cuales no sea necesario que quien controle el conocimiento (a través de la Universidad, de la prensa escrita y oral-visual y de los medios de comunicación masivos) ‘nos diga’ que hay que olvidar y que todos los hombres somos iguales.
Bibliografía
Balandier, Georges El poder de las escenas, De la representación del poder al poder de la representación, Barcelona, Ediciones Paidós, 1994.
Castro, Morales Efraín, Los cuadros de castas en la Nueva España, Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, Köln Böehlau Verlag, 1983.
Chaves, María Eugenia, La mujer esclava y sus estrategias de libertad en el mundo hispano colonial de fines del siglo XVIII, Instituto Iberoamericano, 1996.
Fanon, Frantz, Piel negra, máscaras blancas, Madrid, Ediciones Akal, 2009.
Herrera, Jesús María, Economía política del racismo en Venezuela, Caracas, Fondo Editorial Mihail Bajtín, 2009.
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bienvenida

el sol se pone cada vez más ecuatorial
y las calles de Quito se despliegan de a poco
para recibir mi andar
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a partir
Periodistas superan el curso de corresponsales antidrogas
Chimoré/Juan Pedro Debreczeni, CORREO DEL SUR
Trabajar en la lucha contra el narcotráfico es una labor loable y arriesgada, y participar como corresponsal de prensa en un operativo, también conlleva los mismos peligros. Por eso, a lo largo de siete arduas jornadas, el Centro de Entrenamiento Internacional Antinarcóticos “Garras del Valor” preparó física y mentalmente a 17 periodistas de diferentes puntos del país que ahora podrán acompañar las tareas de interdicción.
Fue la segunda versión del curso dirigido a periodistas y comunicadores sociales en uno de los centros de capacitación antidroga más importantes y destacados del ámbito internacional.
SOBRE EL CENTRO
Con más de 20 años de trayectoria y enseñanza de alto nivel, el Centro de Entrenamiento Internacional Antinarcóticos “Garras del Valor” (CEIAGAVA) ratificó, una vez más, su reputación de impartir cursos cargados de disciplina, sacrificio y rigor.
Desde 1987, el CEIAGAVA ha formado a fuerzas especiales tanto de Bolivia como de Panamá, Ecuador, Guatemala, Perú y Colombia, entre otros países.
Cualquier efectivo que haya logrado superar el “Curso Garras” puede preciarse de formar parte de un selecto grupo de hombres y mujeres con el perfil suficiente para constituirse en la elite de la Policía Nacional.
BITÁCORA
Luego de un viaje de más de cuatro horas desde la ciudad de Cochabamba, llegamos a la localidad de Chimoré, en la región del Chapare, donde se encuentra el centro de adiestramiento.
Una vez que el bus “Garras” ingresó a las instalaciones, los 17 periodistas formamos en el patio de honor y empezamos a conocernos. En ese momento, todos estábamos todavía relajados; lo mismo ocurrió durante la cena, aunque los instructores ya habían anunciado que al día siguiente “todo iba a cambiar” con el inicio de la instrucción. Adelantaron que todos debían estar listos para trabajo físico a las cinco de la mañana; muchos no lo creyeron en ese momento, pero esa fue la rutina de todos los días.
Esa madrugada, los músculos atrofiados de los alumnos empezaron a estirarse y trabajar después de mucho tiempo, las siguientes jornadas devino la dolorosa macurca y al final del curso que se caracterizó por el constante ejercicio, todos estaban en forma y bien acondicionados.
Nos acostumbramos a transpirar todo el tiempo y reponer los líquidos siempre con agua. “Si tiene hambre, tome agua; si tiene sueño, tome agua; si siente dolor, tome agua; si quiere gritar, tome agua…”, nos repetían.
LA INSTRUCCIÓN
Un “Curso Garras” normal, dirigido a oficiales tiene una duración de 3 meses de lunes a lunes, mientras que el destinado a corresponsales se sintetiza en 7 días que reúnen los aspectos más importantes de la instrucción habitual.
El programa de formación incluyó el desarrollo de tácticas de navegación terrestre con el empleo de equipos GPS, manejo de armas (fusil M-16), técnicas de supervivencia en la jungla para su aplicación en situaciones de campaña, primeros auxilios en situaciones de emergencia, supervivencia en agua y rescate acuático, deslizamiento con sogas (rapel), operaciones ribereñas con botes Zodiac y lanchas Piraña, entre otras habilidades que el alumno debía adquirir.
El objetivo de capacitar a los periodistas en todas estas áreas es el de acompañar a un equipo armado (patrulla) en operativos de interdicción al narcotráfico, de tal forma que el corresponsal sea un miembro más de la patrulla y responda de manera adecuada ante cualquier situación que se presente.
“Aquí todo puede pasar”, era la constante advertencia para que los alumnos nos mantengamos alertas; incluso en la noche, en las barracas (dormitorios con literas), donde “no se duerme, se descansa…”
Cada uno de los módulos de instrucción tenía en primera instancia una enseñanza teórica y luego su respectiva práctica. Cada una de las prácticas o ejercicios significaban un esfuerzo físico y a veces, cuando los músculos parecían ya no responder, era la adrenalina y el apoyo mutuo el que ayudaba a reponerse y enfrentar los obstáculos.
Es importante mencionar que el curso, por sus características, ataca constantemente la fortaleza física y mental del estudiante para forjar su carácter, sin embargo, cabe la posibilidad de retirarse en el momento que uno lo desee, simplemente se debe tocar la campana del Patio de Honor tres veces y volver por donde se vino, solo. Afortunadamente los 17 resistimos, nos apoyamos y logramos aprobar el curso.
LOS EJERCICIOS
Rapel
Desde una torre que se eleva 30 metros desde el piso, hombres y mujeres sin distinción superaron el vértigo y con la ayuda de cuerdas descendieron de diferentes formas.
Salto de confianza
Saltar de un trampolín elevado a casi 10 metros sobre una piscina de 4 metros de profundidad, de pie, vestido con el equipo y con los ojos vendados suena difícil y más aún cuando no se sabe nadar… a pesar de ello, los 17 alumnos vencieron sus miedos y lo lograron contando los que no sabían nadar.
Rescate de heridos
Una de las constantes en el curso es la idea de que los alumnos deben “ponerse en situación”. La intención es simular un estado de emergencia constante, así en medio del monte, durante el fuego cruzado (salvas), granadas de humo, sirenas y gritos por doquier, cada una de las tres patrullas tuvo que rescatar a uno de sus miembros gravemente herido, improvisar una camilla y llevarlo a un lugar seguro después de haber atravesado una gran distancia y a lo largo de un jardín de obstáculos.
Operaciones ribereñas
El imponente río Ichilo fue el escenario para aprender a navegar en las veloces lanchas Piraña, que permitieron realizar simulacros de “hombre al agua” y su respectivo rescate. Asimismo, nos pusieron a prueba al inflar, cargar, lanzar y remar en los botes Zodiac, destacando lo complicado de intentar rescatar el bote de una situación de encallamiento en fango.
Supervivencia en la jungla
Dotados con sólo un machete y un poncho, los alumnos “fuimos dejados en el monte”. Aprendimos lo necesario para construir un refugio (con lo que se tenía) para pasar la noche en medio de la jungla, además evitar ser víctima de los insectos y los animales del lugar.
Asimismo técnicas para conseguir alimento a través de trampas, matar de manera efectiva (al animal) y cocinar con lo que la naturaleza y el entorno pueden ofrecer.
Navegación
Ir de un punto a otro parece fácil, sin embargo en lugares como la espesa jungla, la vegetación, ríos y la topografía del lugar hacen que avanzar sea complicado corriendo el riesgo de perderse. Afortunadamente, la tecnología del GPS se constituye en una herramienta que facilita la misión, esto siempre y cuando uno sepa cómo manejar el equipo. Largas caminatas de probaron la fortaleza de cada uno para poder avanzar entre la hostil vegetación.
Estas son algunas de las pruebas que formaron parte del curso, las mismas que en mayor o menor grado representaron un reto personal y de grupo.
La estricta disciplina y constante presión por parte de los instructores no logró romper la entereza de los alumnos que enfrentaron sus miedos, los superaron y se superaron a sí mismo.
El acto de egreso
Un acto sencillo pero emotivo fue el que puso fin al curso; los 17 alumnos recibieron un certificado de reconocimiento avalado por el Departamento de Estado de EEUU y la Policía Boliviana, además de una insignia como corresponsales antidroga.
“He visto rostros de sacrificio, lágrimas de nuestras compañeras y también impotencia, pero todos con el espíritu de culminar el curso. Llegamos 17 y ahora estamos saliendo 17”, expresó entre lágrimas Ramiro Romecín, en representación de todos.
Por su parte, el jefe de curso, capitán José Manuel Castro, ponderó el esfuerzo de los corresponsales y los resultados finales. “Queremos que los periodistas conozcan cuál es la actividad que realizamos y nos puedan colaborar en nuestras operaciones tanto en jungla como en serranías o zonas urbanas, de esta manera ellos no pongan en riesgo su vida ni la de nuestros elementos”, comentó.
Posteriormente los instructores del CEIAGAVA ofrecieron un copioso almuerzo para regocijo de los alumnos. Luego, con el “la barriga llena y el corazón contento” entregamos los uniformes y el equipo de dotación para volver a vestir de “civil”.
De nuevo en el bus, esta vez de retorno a la ciudad y nuestros respectivos distritos, muchos se quedaron en silencio, otros lograron dormir (por fin). Habían pasado 8 largos días y las imágenes de lo vivido durante todo ese tiempo invadían nuestras mentes; todavía no nos habíamos despedido pero ya se sentía la nostalgia.
Finalmente, al caer la noche llegamos a la ciudad. La promesa de un reencuentro, el abrazo sincero y un apretón de manos selló la amistad entre los nuevos corresponsales antidrogas.
LOS CORRESPONSALES
ANTIDROGAS
Marvin Ponce (TVU - Sucre)
Daniel Espinoza (ABI – La Paz)
Juan Carlos Paredes (Unitel – La Paz)
Eddy Nelson Mamani (La Paz)
Ángel Arteaga (La Paz)
Daniela Romero (Periódico La Razón – La Paz)
Guillermo Ortiz Lozada (Defensor del Pueblo - Oruro)
Rodrigo Vásquez (Canal 7 Bolivia TV La Paz)
Nicole Bisbal (Unitel – La Paz)
Víctor Davi Gutiérrez (Periódico La Razón – La Paz)
Edwin Ramos (Red UNO - Potosí)
Verónica Acero (Radio Compañera La Paz)
Krelia Borja (ATB - Sucre)
Ramiro Romecín (FELCC- La Paz)
Marco Flores (Periódico La Patria - Oruro)
Willy Chipana (La Paz)
Juan Pedro Debreczeni (Periódico CORREO DEL SUR - Sucre)
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