PLEASURE

16:04 2 Comments

No hay nada comparable con la experiencia de pasar del día a la noche en un par de segundos; la luz y el calor del día que se dejan atrás con sólo extender las manos al frente y abrir las cortinas que dan paso a la deliciosa penumbra. El Cine.

CASI FILOSOFICO

15:11 2 Comments


A veces te piensas, y cuando lo haces profundamente, te das cuenta que tu vida se va convirtiendo de a poco en una serie de anillos como los de el tronco de un árbol. Cada uno de ellos constituye una experiencia, que sin duda, cuando es la primera, resulta digna de ser recordada, sea buena o mala.

Pero cuando estas vivencias se van acumulando repetitivamente, llega un momento en el que paras el coche y te quedas con la mirada perdida, porque tienes la seguridad de que ya no estás yendo a ningún lugar, simplemente estuviste dando vueltas en círculos.

GERARDO

13:56 1 Comments


Sabiendo que los clientes llegarán pasado el medio día, Doña Lorenza abre el negocio a las diez de la mañana. Baldea el piso de ladrillos, que por el paso del tiempo han perdido su color naranja debido a las repetitivas “ch’allas para la Pachamama”, sin contar las veces que la mano incontrolable de algún borracho suelta la “tutuma” que ya no puede sostener, salpicando por doquier toda la chicha.

Doña Lorenza pone en orden las mesas y sillas, que pintadas de verde esperan resistir la juerga. Se dirige al cuarto oscuro de paredes de adobe. Hace una inspección para asegurarse que los cántaros estén bastante llenos para atender los requerimientos del viernes por la tarde.

Segura de que todo está dispuesto y en orden, la señora toma posesión de su trono y se dispone a esperar a la gente.

Como de costumbre, Don Mariano llega a las doce y cuarto, hora en que la radio transmite los avisos necrológicos que él no puede dejar de escuchar. Debe estar al tanto de los nuevos finados ya que ningún velorio podría estar completo sin su presencia. Existe otro factor importante que mueve a Don Mariano a llegar puntual al trabajo y es la cazuela de maní que Doña Lorenza siempre le hace esperar.

Don Mariano toca el órgano en las misas que se celebran en la Catedral. Los fines de semana trabaja para Doña Lorenza interpretando el armonio. Del primer oficio recibe como paga tranquilidad espiritual; del segundo, el derecho a tomar toda la chicha que su hígado pueda resistir, siempre y cuando la borrachera no sea un impedimento para que el armonio siga sonando. Sin olvidar, claro está, la deliciosa cazuela de medio día y los avisos necrológicos. Cualquier persona pensaría que este es un típico caso de explotación laboral, sin embargo, Doña Lorenza y Don Mariano se consideran un matrimonio feliz, feliz y sin hijos.

Durante la sobremesa los dos se ponen al tanto de los chismes de parroquia, y escándalos suscitados durante la última farra.

Poco a poco van llegando estudiantes universitarios que aprovechan el último día hábil para inaugurar los festejos de fin de semana. Qué mejor que dar inicio a los días de algarabía con buenas tutumas acompañadas de un campeonato de sapo. Son los más puntuales, los primeros en consumir y los primeros en abandonar malheridos y zigzagueantes el campo de batalla.

Parejas de compadres y comadres, acuden al lugar con el afán de abrir un paréntesis en la rutina de trabajo, labores del hogar y familia. Bailar y beber siempre sirven para olvidar.

También bohemios e intelectuales no pueden faltar a la cita del viernes, el ambiente criollo les ofrece una alternativa distinta para debatir y charlar sobre esos temas que sólo ellos saben.

Doña Lorenza, al ver que la gente está alegre y pide cada vez más chicha, ordena a Don Mariano que empiece a tocar, “Martirios”, la cueca que tanto le gusta. Las parejas no se hacen esperar, saltan de sus bancos y sillas para levantar el polvo con su zapateo. La señora los acompaña con palmas y el movimiento de su pollera.

A media tarde el recinto está en su apogeo, todos cantan y brindan, el patio de tierra y el salón han sido tomados por los bailarines.

Entonces, el viejo portón de madera se abre y deja ver la figura de Gerardo, el “k´ewa” Gerardo, apodo ganado debido a su inclinación sexual. Un gran bohemio, tal vez un poco extravagante para la década del cincuenta, pero sin duda todo un personaje.

Viste un pantalón oscuro de casimir inglés, un par de mocasines negros con taco ancho y cuadrado, cinturón de hebilla gruesa y camisa blanca de solapas anchas, que deja ver parte del pecho. Con pie firme avanza gallardo entre la multitud que se abre a su paso, llega hasta el lugar donde Doña Lorenza está apoltronada y quitándose el sombrero la saluda con una venia al estilo de la realeza. Gira sobre sus talones y se dirige a todos los asistentes, que se han quedado inmóviles: ¿Qué pasa muchachos?, ¡que siga la fiesta!

La invitación está hecha, el desenfreno y la alegría se reanudan.

Si bien las personas que conocen a Gerardo, sienten cierto recelo hacia su persona, también éste goza del respeto de los demás, debido a sus grandes dotes como bailarín y cantante.

Con la tutuma en la izquierda, Gerardo comienza a cantar a voz en cuello “El infierno verde”. Acompañando al armonio que toca Don Mariano, una guitarra sigue la melodía. El festejo tiene ahora un nuevo matiz; más femenino que masculino. Imposible negar que Gerardo lo hace muy bien.

Más tarde después de haber bebido una cantidad considerable de chicha, Gerardo, da un salto y se apodera de una de las mesas. Golpeando con energía los tacos, castiga la tabla con su zapateo. Todos le aplauden y gozan con el espectáculo, mientras él como si fuera un bailarín de flamenco, hace vibrar a su público.

Así pasa el resto de la tarde entre cuecas, bailecitos, mucha chicha y Gerardo.

Con el pasar de la hora, muchos se retiran porque la bebida espirituosa ya no puede ser ingerida y la embriaguez es exagerada; otros, cautos se recogen para evitar el galanteo de Gerardo. Los menos que se quedan, sienten mucho apego a la chichería y a Doña Lorenza, debido a que la señora, después de pasar la jornada bebiendo es invadida por un sentimiento de dadivosidad e invita chicha a los sobrevivientes para dar fin con lo último que queda en los cántaros. Bien vale la pena lidiar con el cortejo de Gerardo para poder acceder a tan apetitosa invitación. Está demás decir que de estos valientes, por lo menos uno resulta desaparecido en acción, porque el incauto es sustraído, secuestrado y llevado a los lujuriosos dominios de Gerardo.

Las celebraciones que se llevan a cabo en la chichería de Doña Lorenza, no difieren mucho una de la otra, las personas que se dan cita a la tarde de bohemia, con frecuencia son las mismas y por ende las aventuras y deslices de Gerardo son infaltables a la hora de los chismes. Siempre hay algo que comentar acerca de su vida. La gente dice que prefiere a los morenos fornidos y él lo afirma. En los días hábiles se lo puede ver transitando por las calles, con su delicado andar, la ropa elegante y la ilusión de conseguir algún nuevo amigo. Sin embargo, con frecuencia se conforma coqueteando a sus conocidos, claro que los fines de semana le va mucho mejor.

De repente desaparece, nadie da señas de él, ya no anda por las calles, en la chichería de Doña Lorenza se lo extraña. En los ambientes que frecuenta, todos se preguntan qué habrá sido de él, su paradero es incierto, ninguna persona puede asegurar si viajó o está muerto.

Transcurridos dos meses, un viernes, Don Mariano llega a la chichería, y como ya era habitual, Doña Lorenza le pregunta si sabe alguna noticia de Gerardo. Don Mariano asiente y le dice que un amigo después de misa le contó que el gobierno había ordenado a las fuerzas armadas arrestar a todas las personas de las que esté en duda su hombría, arguyendo que el estado Boliviano está formado por hombres y mujeres, no por maricas. Así, uno a uno los fueron apresando. Gerardo no pudo salvarse, sólo los prudentes que ocultaban sus tendencias sexuales.

Doña Lorenza, admirada por la noticia pregunta: ¿qué pasó entonces, dónde los tienen detenidos?

Don Mariano, resignado contesta que la orden decía que estos individuos debían ser castigados y eliminados, es así como los llevaron amarrados, con los ojos vendados en un avión de carga. Ataron una gran piedra a sus pies y los lanzaron uno a uno al fondo del lago Titicaca.

No estoy seguro de creer esta historia, pero al gran bohemio y bailarín, el “k´ewa" Gerardo, no se lo volvió a ver más.

EL LADO OSCURO DE LA BLANCURA

12:24 4 Comments


...Y uno quiere decir algo, comentar un libro, hablar de cine o algún aspecto de nuestra sociedad y su día a día. Tal vez escribir un cuento, sin embargo, la página en blanco te abofetea en la cara una y otra vez, se empecina y te encandila con su brillo, puro y blanco.

No hay obligación, no es un trabajo. Tal vez no deberías estar obstinadamente sentado en el rincón más oscuro del escritorio, con frío, rodeado de humo añejo, sentado hace más de una hora contemplando el monitor. Mientras, afuera es domingo, hace sol, los pájaros cantan y el aire es puro. Sí, lo más fácil sería mandar todo al diablo, apagar la computadora y salir. No hacer nada, no decir nada, no escribir... Pero ¿cómo atrapar y amarrar a ese gusano impertinente que atraviesa como un loco de un lado a otro tu cabeza? Sabes que seguirá molestando hasta que regreses, enciendas nuevamente la computadora y te enfrentes una vez más con la blancura de la hoja y asumas el teclado como único armamento en una batalla contra el vacío, tu propio vacío.

Parece que sigues en el medio, en medio de la nada, no escapaste ni tampoco te quedaste por completo, el brillo de la pantalla parece cada vez más intenso.

En la cabeza persiste el movimiento del gusano que parece convertirse en crisálida con el primer párrafo que se dibuja en el encabezamiento, quién sabe, probablemente al poner el punto final, llegue a ser una mariposa.

Hay una especie de alivio en el ambiente, el humo que te envolvía se disipa, deja pasar una luz breve. Diste el primer paso, sin embargo, desandas el camino para leer lo que escribiste. Humo y oscuridad de nuevo; no te gusta el texto, no es una buena entrada, no te llevará a ninguna parte, lo borras.

Después de haber permanecido por mucho tiempo frente al monitor, te das cuenta de que ya no se trata solamente de una página en blanco, no. De a poco y por efectos inexplicables la pantalla se va convirtiendo en un espejo. Es el momento critico, el punto de inflexión entre el silencio y el desbordamiento de ideas y pensamientos. La balanza puede inclinarse a cualquiera de los dos lados: Escribir sin parar: las palabras son más rápidas que los dedos en el teclado; todo está armado en tu cabeza y simplemente debes trascribirlo antes de que pierda su efervescencia. En el caso de que pierdas el rumbo, te darás cuenta de que paulatinamente tu reflejo se va desvaneciendo para dar paso a la imagen del monitor que deja de ser espejo. La blancura regresa y realmente estás perdido.


Se que esto de la imposibilidad de escribir, no es nuevo, muchos de los que están en el oficio artesanal de entretejer palabras lo saben bien. Es realmente duro y frustrante no poder soltar en párrafos o versos todo lo que uno quisiera decir.

Cada uno experimenta y enfrenta de forma distinta a la pantalla o la hoja en blanco. Sin embargo, creo que en todos hay algo en común y es la necesidad de expresión. De todas maneras, pienso que es importante intentarlo, hacer de la escritura un ejercicio, una ceremonia intima de liberación.

LOS TRANSFORMERS DE SPIELBERG

18:29 1 Comments


Antes no habían muchas series de dibujos animados y las tardes se constituían en el espacio para su difusión a través de contados canales de señal abierta en UHF... o era VHF?... ¿qué significan estas siglas?... ahora con la televisión por cable seguro que nada.

En fin, lo importante es que las caricaturas de esos años marcaron nuestra niñez con personajes como Pantro de los ThunderCats, Snoopy, los Halcones Galácticos, Brave Star, G.I.-JOE, El Capitán Futuro y otros tantos que en más de una oportunidad, reunidos con los amigos, nos provocan nostalgia y sin más nos ponemos a entonar la variedad de canciones que servían de banda sonora a estas caricaturas.

Dentro del grupo de antiguas caricaturas, destacan los Transformes, una serie animada que a lo largo de su historia nos demostró que los automóviles, aviones, trenes, insectos, dinosaurios y las grandes maquinas de construcción, podían ser algo más que creaciones del hombre y la naturaleza. Con dotes robóticos y bajo la constante dicotomía entre buenos y malos nos atraparon frente al televisor durante mucho tiempo.

Los últimos años la industria de Hollywood ha estado empeñada en resucitar antiguos iconos a través de la adaptación. Pienso que este renovado interés en producciones a partir de historias y personajes pasados, puede tener tres causas principales: una, la crisis actual del mundo de las caricaturas; ahora hay tantas que resulta difícil (al margen de los Simpsons, que gusta a niños, jóvenes y adultos) identificar una serie animada que determine y caracterice con claridad a las nuevas generaciones; dos, los fanáticos y seguidores de diferentes héroes empolvados por el paso de los años, se constituyen en un mercado potencial para la industria cinematográfica y tres, un tema asociado al anterior, el problema de los héroes de hoy. Parece que los viejos héroes ya llegaron a cubrir todos los requerimientos y necesidades de la desprotegida humanidad. Ahora es el tiempo de los antihéroes.

Volviendo a los grandiosos Transformers, recuerdo que el año pasado, un amigo me contó que Steven Spielberg estaba a cargo de recrear el fantástico universo de los Transformers adaptado al cine. El solo hecho de imaginar las batallas entre los Autobots y los Decepticons en imágenes de alta definición y animación en 3D, era algo por lo que uno no podía esperar. Seguramente Spielberg sacará algo espectacular - pensé.

Sinopsis

Instalaciones militares estadounidenses en medio oriente son repentinamente atacadas por increíbles robots, ello provoca una serie de investigaciones a cargo del gobierno, mientras tanto, Sam un típico adolescente americano, recibe de regalo de cumpleaños un Chevrolet Camaro del año 76. Sam quiere conquistar a Mikaela, la chica más linda del colegio e intenta utilizar su anacrónico vehiculo para impactarla. En el proceso, Sam descubre que su regalo de cumpleaños es algo más que un simple auto, el viejo Chevrolet resultó ser Bumblebee, uno de los Autobots, que se pone en contacto con sus demás camaradas a quienes los humanos llegan a conocer y hacer amistad con ellos.

Los Autobots están comandados por Optimus Prime y su misión en la tierra es encontrar el "Allspark” (La chispa vital) antes que sus enemigos los Decepticons. Es así que la disputa entre Autobots y Decepticons desencadena una serie de conflictos en los que intervienen importantes funcionarios de gobierno, equipos de investigadores de alto nivel, militares, fuerzas especiales y entre todos ellos: Mikaela y Sam.

Cosas que criticar.

La caracterización del personaje de Sam llega a ser pueril; si bien es un adolescente y como tal tiene una fuerte carga de superficialidad, a lo largo del film se le otorga mucho protagonismo. Él, su familia y las cosas que hace por conquistar a Mikaela acaparan gran parte de las escenas, lo que hace pensar que los guionistas llenaron espacios de la trama con situaciones superfluas que caen dentro de los típicos clichés de las películas yanquis.

Por otro lado, está la imagen del poder bélico militar de los estados Unidos, que se refleja constantemente a lo largo de la historia: su armamento, organización política militar, vanguardia tecnológica, control supremo del estado y su mega aparato burocrático, etc., etc. todo ello no hace mas que saturar la película con demostraciones innecesarias del poder del imperio.

En cuanto a los Transformers en si, hay algunas contradicciones con respecto a la antigua historia de los 80, puede tratarse de adaptaciones a nuestro tiempo, como el hecho de que Frenzy, el espía de los Decepticons, en la película ya no se trasforme en una radio con casetera, sino en una versátil radio portátil ovoide con lector de discos compactos, sin embargo, hay cambios innecesarios como es el caso de Bumblebee, que era reconocido por transformarse en una peta modelo 70, y ahora se trata de un coche deportivo de la misma época, lo que cae nuevamente en la imagen exagerada del americanismo.

Algo que tampoco convence es que ahora los robots eligen el vehiculo que desean reconfigurar como robots, es decir que Optimus Prime es un trailer simplemente porque un trailer estaba pasando por ahí, le gusto al personaje, así que lo eligió como modelo.

Megatron por otra parte, perdió muchas de sus características físicas, en cambio Prime se mantiene con las formas de antes.

Destaca.

El hecho de que Spielberg haya producido la película hace mucho, pienso que su participación salvó al film de no pasar desapercibido entre el publico. Son los efectos especiales donde radica el potencial de Transformers. Las batallas y escenas acompañadas de buenos efectos de sonido hacen que la atención no se pierda debido a otras falencias.

Conclusión.

Transformers intenta reposicionar en la actualidad una serie de dibujos animados y juguetes que influyeron a generaciones de niños y jóvenes hace más de 20 años, si bien se adapta a las tendencias y nuevas tecnologías, no logra impactar como la sencilla serie animada en 2D de los años 80, cuando la voz de Optimus Prime ordenaba: Autobots transfórmense y avancen...

En todo caso la puerta está abierta, el film deja bastante claro que se pretende iniciar una nueva saga como se acostumbra en las producciones millonarias de Hollywood.

Esperemos que los siguientes episodios consigan llenar el vacío que trajo el primer intento, porque sino, tal vez lo mejor hubiera sido dejar que estos robots sigan luchando en nuestra memoria.

ESE LUGAR

13:53 1 Comments


Ya te habían hablado de ese boliche, te contaron muchas cosas de él, que es el más popular de todos, el único que supera a Mc. Donald’s en sucursales. Que ésta taberna se halla en todos los países del mundo, absolutamente en todos. Abierto al público en general, que no se reserva el derecho de admisión.

Un ambiente donde puedes beber cualquier cantidad de tragos a precios muy bajos. Un espacio en el cual se mezclan noctámbulos de diversos tipos y tendencias; hombres y mujeres, policías y maleantes, incultos y eruditos, lesbianas y homosexuales, amigos y enemigos; todos se dan cita en este bar a cielo abierto.

Beberás toda la noche cómodamente, al lado de tus camaradas bohemios. Y al final no importará cuan elevado sea tu índice de alcoholemia, no habrá mastodonte bien uniformado que se dirija a ti de buena o mala manera para insinuarte que ya estás demasiado borracho, que debes desalojar el recinto, no.

El bar es tan grande que si gustas, o si es que en realidad las piernas y el conjunto de tus músculos, están demasiado atrofiados debido a los hechizos causados por el Dios Baco, pues sencillamente puedes apoltronarte en uno de los muchos asientos cómodos para que, anestesiado y cubierto por el pesado sueño, puedas recibir los primeros e inoportunos rayos del enemigo de la noche y por ende del bar.

Despertarás amodorrado y confundido. Los constantes latidos de tu cabeza te harán pedir perdón por tu euforia alcohólica. Primero verás aclarase la figura de tus pies, y seguramente no recordarás en qué momento te quitaste los zapatos. No lo sabes, sin embargo, ahora, con la imagen clara, ves tus pies descalzos, un poco morados debido al frió del pavimento.

Tus sentidos, empiezan a reaccionar de su letargo, te transmiten la crucial información de que si no haces algo rápido sufrirás un letal ataque de hipotermia, debido a que, al igual que los zapatos, tu pantalón y chamarra también desaparecieron misteriosamente.

El sol, que podría ser tu aliado contra el frío, parece haberse puesto en tu contra e ilumina con tanto brillo que no puedes mantener los ojos abiertos por mucho tiempo.

Entonces, te das cuenta de que tus colegas nocturnos, quién sabe por qué cósmicas razones se trasformaron, y la juventud que lucían por la noche les duró sólo eso, la noche. Y es que con la mañana parecería que se cargaron unas décadas encima. Porque las brillantes ropas que usaron por la noche, con la mañana se convirtieron en delantales y sus cigarros, en impetuosas escobas que barren sin parar. Estas personas, ahora absolutamente desconocidas para ti, no dejan de mostrar su arrebato por tu desnudez y balbucean algo entre dientes, consideran que tu cuerpo arrinconado en un ex sillón, (ex, ya que al igual que todo, se trasformó en un sucio y frío umbral de portón viejo) no les permite terminar su labor.

Es así que te preguntas dónde están tus amigos y piensas que al igual que todos los demás, ellos también sufrieron algún tipo de morfosis, y ahora pasan por tu lado, a paso rápido, bien peinados y cambiados dirigiéndose a trabajar.

Decides que ya es suficiente, que ya no eres bienvenido a esas horas en la cantina. Haces un esfuerzo sobre humano y tambaleándote logras ponerte en pie. Ya vas entiendo lo que pasó y te das cuenta de que lo mejor es que tomes un taxi lo antes posible, lo malo es que ninguno se detiene. Claro, quién querría llevar a un borracho en calzoncillos y polera, con qué pagaría la carrera, si las gárgolas nocturnas se apoderaron de todo lo valioso que poseía. Al final, un chofer, el más confiado, o tal vez el más humano para e incluso te ayuda a subir al vehiculo.

Con mucha dificultad pudiste dar las referencias de tu casa y después de muchas vueltas, por fin distingues la puerta. Tu hermana paga la deuda y después de agradecerle mucho al taxista, te guía hasta tu cama vociferando mil disparates.

Cuando despiertes, y estés conciente de todo lo que pasó, seguramente te pondrás a escribir lo acontecido como una forma de recordar y tal vez empieces así: Existe un boliche, el más popular de todos... la calle.

MEJOR LLAMAR AL ESPECIALISTA

9:09 8 Comments


Cuando llegué esa noche a mi casa, no tenía la menor idea de lo que me esperaba: Abrí la puerta, y mecánicamente oprimí el interruptor de la luz pero el foco no encendía. Intenté un par de veces más y nada. Todo parecía indicar que el foco se había quemado, sin embargo, no me preocupé porque sabía que tenía otro de repuesto.

En la oscuridad fui a buscar una vela, y con su ayuda pude llegar a encender las luces del piso de arriba y así encontrar la bombilla nueva.

De nuevo, abajo, a la luz de la vela acomodé una silla para sacar el foco quemado.

El problema comenzó cuando tuve dificultades para girar el foco. Estaba muy duro, como soldado con el soquet. En el tercer intento, el vidrio de la bombilla se rompió por la presión. Afortunadamente tenía puesto un guante que protegió mi mano de cualquier corte.

Ya sin ninguna forma de agarrar el foco, tuve que improvisar. Es así, que con la punta de un desarmador intenté hacer girar la rosca del foco desde adentro. Cuando daba señales de que los restos del foco estaban cediendo, la punta del destornillador se me resbaló y chocó con la base del cono, provocando un destello plateado que me hizo caer de silla.

Me puse de pie y luego de recuperarme del susto, me di cuenta que en el piso de arriba, al igual que en el de abajo, todo era oscuridad. Había provocado un corto circuito.

Al principio pensé que no era nada grave, nada que un electricista no pudiera solucionar. Sin embargo, estaba equivocado, porque sentí un olor de cables quemados por toda la casa, pero eso no era nada comparado con el humo que provenía del piso de arriba. Preocupado, no entendía porque las cosas se estaban poniendo tan mal.

A tientas, me dirigí al segundo piso para ver de dónde provenía el humo. Con dificultad llegué al cuarto y lo primero que vi fueron las cortinas que estaban incendiándose desde la base.

Asustado me dirigí al baño en busca de agua. Al igual que toda la casa, también estaba en tinieblas. Tratando de recoger un bañador del piso, me golpee la frente con el borde del inodoro provocándome un dolor agudo que atravesó mi cabeza hasta llegar a la nuca. Atontado, llené como pude el recipiente y regresé al cuarto, pero justo antes de alcanzar la cama, como maldecido por los dioses, tropecé con la alfombra: el bañador saltó de mis manos salpicando todo menos el fuego, mi quijada chocó con el filo del catre, y tanta fue la desgracia, que no sólo mi mandíbula se dislocó, sino que además me mordí la lengua casi hasta el punto de partirla en dos. Grité una sola vez y con mucha fuerza, pero aunque quería seguir gritando no solo de dolor sino también de rabia, no podía hacerlo, porque mi mandíbula no se movía, simplemente colgaba y mi lengua no paraba de sangrar. Gemía.

Mientras tanto el fuego consumía todo lo que encontraba, me arrastré hasta el baño y cubrí mi lengua con papel higiénico intentando detener la hemorragia. Busqué otro recipiente para aplacar el incendio, pero el humo ya ahogaba toda la casa. Creo que cuando intentaba volver al cuarto con más agua me desmayé.

Gracias al llamado de algún vecino, los bomberos pudieron rescatarme con vida. El resultado de todo fue que yo terminé con varias quemaduras de diversos tipos, tengo problemas de pronunciación y mi mandíbula no pudo volver por completo a su antiguo lugar. De mi casa no quedó prácticamente nada de valor, y además no estaba asegurada.

Desde entonces, mi vida cambió. Estoy reconstruyendo mi casa, bueno, en realidad no yo, porque ya no muevo un dedo por iniciativa propia. Me volví un adicto-dependiente de las otras personas, pero más de sus oficios: médicos, ingenieros, aseguradores, carpinteros y sobretodo electricistas.